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La Dictadora Merkel

Hace unos días, mientras me quede en unos hoteles en Acapulco,  observé en la televisión unos debates entre Ángela Merkel  y Schulz  para obtener el asiento máximo de la cancillería alemana, un asiento que la dictadora alemana lleva teniendo desde el año 2005 hasta el día de hoy y que ganara sin duda alguna el día de las elecciones tanto por la vía democrática o con elecciones manipuladas.

Aunque las personas foráneas al suelo alemán piensen que todo en aquel país es derecho y recto, cuando en realidad no lo es así, particularmente cuando los alemanes sufren de su muy particular síndrome de fanatismo o de zombismo en el cual pueden caer sumamente fácil y lo han hecho varias veces en la historia moderna de distintas circunstancias.

La primera vez en el siglo XX cuando los germanos fueron convertidos en esclavos zombis  fue en los años previos a la Primera Guerra Mundial pensando que deberían dominar al mundo bajo el decreto del emperador Wilhelm II, un hombre  impulsivo y con muy poco sentido común, además de ser un hombre sumamente envidioso, particularmente de sus primos británicos a quienes quería destruir solo para superarles en el mar como una competencia olímpica, con la diferencia que esta competencia dejo a 40 millones de muertos y que Alemania perdió.

La segunda vez que los alemanes cayeron en la sombra del comportamiento completamente zombi  fue, como todo el mundo sabe, durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial cuando Adolfo Hitler – cuyas ideas tienen raíces muy válidas- se “brinco la barda” al decidir que tenía que conquistar el mundo entero. Una idea a la cual todos los alemanes siguieron como ganado. Esta vez, aunque estuvieron más cerca, también perdieron con la diferencia de que esa vez fueron 60 millones de seres humanos los que perecieron en el conflicto y donde –a diferencia de la vez anterior – Berlín fue destruida por completo, al igual que Frankfurt, Dresden y muchas otras ciudades de aquel país.

La tercera vez en la cual los alemanes han entrado en su característico estado zombi dictaminado por sus elites, ha sido desde la toma del poder de esta tercera dictadora quien una vez más le ha lavado el cerebro al ultra-manipulable pueblo alemán. Esta vez volteándoles por completo hacia la izquierda y hacia la integración multicultural con países islámicos, diciendo frases tan ridículas como “El Islam Pertenece en Alemania” una receta simplemente suicida.

Si bien los alemanes tienen una tendencia al suicidio colectivo, esta vez no lo van a sobrevivir ni ellos ni sus vecinos Europeos a quienes –como siempre – se llevaran con ellos.

Esta dictadora ha firmado la sentencia de muerte de la gran cultura alemana de Mozart, Beethoven  y Goethe. Estoy seguro que esa hipócrita diabólica mujer ganara de nuevo las elecciones para destruir a su pueblo en menos de lo que esperamos.

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