"La confianza en Dios, fuente de inquebrantable dicha”
"Bendito el hombre que confía en el Señor y el Señor en su confianza” Jer 17,3) una persona así no conocerá la muerte, porque será siempre como el "árbol plantado junto a la orilla del río” que estará siempre verde y dará fruto abundante” (Sal 1,3). Este mensaje de Jeremías resume todo un movimiento sapiencial que veía en Yahvé la única posibilidad de vida, y que oraba con las palabras del Salmo 1º. Pero el verdadero significado de la "confianza”, se manifestará plenamente en Cristo, y en Él el horizonte infinito que esta actitud abre a la humanidad. Jesús el Señor es quien ha depositado "su confianza en Dios” (Mt 27,43) por ello el Padre lo ha resucitado de entre los muertos, como primicia de todos los que han fallecido (1 Cor 15.20). San Pablo indica la solidaridad de destino que Cristo tiene con nosotros: si Él es "primicia”, nosotros tenemos una esperanza fundada que nuestro futuro será como el suyo y las bienaventuranzas revelan el camino concreto que debemos recorrer siguiendo a Cristo, por el sendero de la Resurrección. I.- El mensaje de Jeremías El profeta propone los dos caminos, la vía del justo y la del impío. Lo que encontramos ya propuesto en el Deuteronomio (30,15) en donde la Palabra invita de manera enérgica a una decisión definida. Que el mismo Jeremías va a volver a proponer (21.8). El camino que se elige, está hecho de decisiones concretas, que, respetando una escala de valores, decide dar pasos decisivos. Jeremías dice que hay dos caminos opuestos: el primero que se funda sobre la fragilidad de la carne, sobre lo pasajero, que tantas veces es aparente, y que a la larga desilusiona. Las imágenes que usa el profeta son la aridez, la esterilidad, el no ver, la infecundidad, expresiones que aludirían a la negación de la vida; quien confía en el hombre, confía en una sombra de vida y por ello es "maldito”, no para expresar un mal deseo, sino en previsión de lo que no resulta. El segundo camino se funda en el Señor, "la roca que nos salva”. La prosperidad futura de tal camino se describe con las imágenes muy bellas del árbol siempre verde, de las raíces a las que no le falta el agua, de la planta que enfrenta el calor y no teme la sequedad, porque en lo profundo sus raíces están cercanas a una fuente viva. El que sigue este camino es "bendito”, es decir, asegura su horizonte y su futuro. La contraposición de las dos imágenes es muy sugestiva: El que camina en fidelidad a los designios del Señor, tiene la serenidad y la paz que ello comporta; el que se aparta de sus caminos por no responder a sus designios, ya desde ahora experimenta, la aridez, el vacío, el sin – sentido de una existencia; ya que no sólo el fin y la conclusión, sino el camino mismo es bendición o maldición, es camino de vida o de muerte; por ello bien exclama un autor: "el camino del infierno, es ya un infierno”.
II.- Cristo se hace solidario con nosotros San Pablo comienza diciéndonos: "les transmito lo que a mi vez he recibido” usa el modo de hablar igual al que usó cuando nos habla de la Eucaristía. Lo que indica lo delicado del tema, sus dificultades y como el apóstol no se arredra. La resurrección de entre los muertos es una verdad en peligro, los cristianos que provenían del paganismo tenían dificultad en aceptarla; y sin embargo el apóstol en ésta verdad se apoya como eje y pivote de toda su predicación. La carta a los Romanos es el texto Paulino que defiende y explica la resurrección de Cristo y su victoria sobre la muerte. Creer en un Cristo que sólo me da respuestas para esta vida, no sirve para nada, y ya muchos han querido ser maestros en este sentido, la victoria de Cristo sobre la muerte abre un luminoso camino, Cristo como primicia, es el primer acto de esta historia, primera célula de un mundo renovado. Porque Cristo se hizo solidario con nosotros en la muerte para llevarnos a todos a la participación plena de la vida. Después de Él vendrán "los que son de Cristo” cuando al final de los tiempos todos asistamos a la derrota definitiva de la muerte. El tejido cotidiano de la existencia es esa lucha entre vida y muerte, siempre hay primavera e invierno; siempre hay flores que se abren, y hojas secas que caen; ciclos permanentes de la experiencia humana. Pero todo este ciclo existencial, adquiere otra dimensión de la luz de la resurrección de Cristo, pues se revela como un camino ascensional, que con un espíritu sereno y creativo, acepta como positivas la experiencia de la vida y la de la muerte, y que es el camino que sigue la creación del ser humano y el mismo Cristo. III.- El camino de las bienaventuranzas En la perspectiva de resurrección y victoria, y plenitud de realización del Plan de Dios, se plantean las bienaventuranzas que conducen a la persona a su verdadera transfiguración. ¿Qué significa bien "aventurado” o "dichoso”?; no la ausencia de incertidumbres o sufrimientos, como quisiera la persona "común y corriente”; o como en la literatura griega los dioses exentos de las fatigas y preocupaciones de la vida por la sabiduría de Dios (Sal 94,12 y 119,2). La enseñanza de Jesús, indica el camino de la Sabiduría con un muy preciso ideal de persona. "Dichosos los pobres”: indica que aquel que ha llegado a este estadio de vida diverso, estimado por muchos como infelicidad cada una de las cuatro bienaventuranzas (pobres, hambrientos, los que lloran y los perseguidos) recibe su motivación: El hombre nuevo, pobre y perseguido, se ha encontrado con Cristo, por lo que valora toda experiencia de vida y la sirve, cuida, protege, regenera, para rechazar todo lo que se presenta como expresión de muerte. Las características del hombre nuevo son la paradoja de una lógica diversa de la que tienen las personas y es la lógica de la fe. Para San Lucas son cuatro: pobreza, hambre, llanto y persecución ¿Cómo constituyen éstas la felicidad de la persona? Porque la persona que ha madurado en la asimilación del Evangelio, que ha sido renovado en su espíritu comprende que la regla de San Ignacio es maravillosa, te uso, te aprovecho, me valgo de ti, "tanto cuanto” esto contribuye a realizar la voluntad de Dios en mi vida "tanto cuanto”, me conduce a Dios, "tanto cuanto” me obtiene méritos para el cielo. Porque es una tremenda realidad lo siguiente: La posesión es dependencia, y el desprendimiento una libertad. Los que son "dichosos” o "bienaventurados” sufren en cuanto que ven el mal en el mundo, la cultura de la muerte, la prevalencia de malvados, la humillación de buenos, el éxito del poder y del dinero... por ello viven en una esperanza que no se resquebraja, en una confianza que permanece inquebrantable no obstante flaquezas, debilidades e incertidumbres. Por ello no es el perseguido en sí, sino el que sufre persecución por causa del Reino, habiéndose comprometido a vivir en la justicia nueva enseñada por Jesucristo, el que será dichoso. También el evangelio nos habla de cuatro lamentaciones acerca de la persona que busca sólo las apariencias, que se satisface tan sólo con lo inmediato, busca consolaciones y satisfacciones fútiles, satisfacer sus pasiones, y anda detrás del aplauso y los reconocimientos. Son los que han fundado su casa sobre la arena. Conclusiones 1) Las bienaventuranzas, son motivo de un serio y permanente examen de conciencia del ser católico hoy. El místico Al Gazali recuerda en su carta a un discípulo que "la fe tiene tres dimensiones”:
Fe y palabra con la boca, Fe y verdad con el corazón, Fe y obras con los hechos (con las obras) 1) La fe en Cristo nuestro Señor es un compromiso de servicio y promoción del hermano, particularmente si anciano, enfermo, pobre, abandonado, marginado, encarcelado, perseguido. 2) El Evangelio de hoy es un reto, una exigencia, de un cambio de corazón y de criteriología. Es una fuerza interior que debemos pedir con humildad al Espíritu, para que nos conceda ser forjadores de una nueva persona-según el Evangelio-, de un mundo nuevo conforme a la voluntad de su Creador, de relaciones de amor y respeto que salvaguardan la dignidad humana. 3) Pongamos nuestra confianza sólo en Dios, y totalmente en Él. Nuestro gozo, nuestra alegría, nuestra paz es la fe en Cristo resucitado, sea Él nuestro alimento cotidiano en la Eucaristía: "Así seremos como árbol plantado a la orilla del agua... que nunca deja de dar frutos” (Jer 17.8). Amén
Mérida, Yuc., febrero 14 de 2010
+ Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán
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