hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos
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Sufrir y ser consolados por Dios (Jornada mundial a favor del enfermo de sida)
8:39 AM
Las bienaventuranzas son un retrato hablado de la vida del mismo
Jesucristo, quien nos dio ejemplo de fortaleza y entrega generosa por
el prójimo, como un testimonio válido para todos.
El sentido cristiano del sufrimiento humano es iluminado intensamente por el misterio de la cruz de Cristo, que es la prueba máxima del amor y el signo más resplandeciente de esperanza.
En
efecto, son llamados "dichosos” los que ordinariamente son compadecidos
o mirados con pena y, a veces, con temor o desprecio. El sermón de la
montaña nos presenta dicha y sufrimiento entrelazados por el amor de
Cristo. Es el anuncio del misterio pascual, señalado en la Última Cena
con las palabras alentadoras del Maestro y Señor: "Ustedes están
tristes ahora, pero su tristeza se transformará en alegría” (Jn 16,22).
Así Cristo promete a los que sufren que serán consolados, no sólo
refiriéndose a la vida futura —que con esto ya sería más que suficiente
para llenarse de gozo—, sino que desde ahora recibirán el consuelo del
que ha puesto su confianza en Dios. La bienaventuranza tiene un
profundo significado, que señala como "felices desde ahora” a los que
buscan y encuentran siempre su consuelo en Dios. No importa tanto el
motivo de sus lágrimas, sino su búsqueda de la paz interior que
solamente encontrarán en Dios, en nada ni en nadie más, únicamente en
el amor de Dios.
Hoy
les decimos a nuestros hermanos afectados por el VIH/sida, con respeto
y comprensión: Ustedes son elegidos para llevar intensamente la cruz de
Cristo, con amor y alegría, como signo de paz y de fuerza inagotable.
Dichosos ustedes, al experimentar el amor de Dios. Dejen que el
Espíritu Santo, el consolador y abogado de todos, sea el que les colme
de la alegría verdadera y de las defensas que todos necesitamos para
alcanzar la vida eterna. No le den tanta importancia a las
incomprensiones de parte de quienes están mal informados de la
enfermedad que padecen. Recuerden el mensaje conclusivo de las
bienaventuranzas: "¡Alégrense y salten de gozo, porque su recompensa
será grande en el cielo!” (Mt 5,12). Pidan a Dios con fe e insistencia
por su salud, como todos debemos hacerlo, pero pidan sobre todo por su
alivio espiritual y por la plena aceptación de la voluntad de Dios.
También las personas que les cuidan y acompañan llevan con ustedes la
cruz de la dicha y el dolor.
A nombre del señor arzobispo de
Yucatán, monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, de su presbiterio y
de toda la comunidad católica de Yucatán, expresamos nuestra sincera
admiración y gratitud a las religiosas Misioneras de Cristo Resucitado,
que con exquisita caridad, esmerada pulcritud y magnífica entrega por
Jesús atienden a los huéspedes del Albergue de la Misericordia de Dios
Padre. Nos da gusto que sostengan para cada enfermo, día y noche, la
oportunidad de que descubra la misericordia de Dios y pueda encontrar
los recursos convenientes para sanar sus heridas físicas, psíquicas y
espirituales; y que le ayuden a sostener el propósito de volver a
insertase, en un futuro cercano, a la comunidad familiar y al trabajo.
También reconocemos y bendecimos todas las otras iniciativas a favor de
nuestros hermanos que sufren del VIH/sida y son consolados por Dios, a
través sus obras benéficas.
Les
recordamos a todos los fieles y a las personas de buena voluntad que el
Albergue de la Misericordia de Dios Padre puede ser visitado durante el
día y está ubicado en el Periférico Poniente, al final de la carretera
Tanlum-Chenkú, detrás del Monte Carmelo. Tendrán la oportunidad de
constatar el cumplimiento de la bienaventuranza en el rostro de cada
huésped y ustedes también serán dichosos. Hoy, martes 1 de diciembre,
compartiremos la santa misa en este albergue, a las 5 p.m. Están
invitados.— Mérida, Yuc., México, diciembre de 2009.
Monseñor Rafael Palma Capetillo, obispo auxiliar de Yucatán