Durante esta primera semana de junio, se invita a que cada familia que vive en Yucatán se reúna un momento en oración para consagrarse al Espíritu Santo. El texto para realizar dicha consagración es el siguiente Espíritu Santo, verdadero Dios como el Padre y el Hijo, por el bautismo y la confirmación cada uno de nosotros te pertenece. Pero hoy, además, nos consagramos a ti como familia. ¡Ven a vivir en nuestro hogar; ven a reinar en nuestros corazones!
Espíritu de santidad, ¡ven, conságranos, haznos tuyos!, transfórmanos en Jesucristo, hijo del Padre e hijo de María, a fin de que como personas y como familia, presentemos, ante los ojos del Padre y la mirada de quienes nos rodean, el verdadero rostro de Jesucristo. Dulce huésped del alma, llénanos de tus dones y carismas, para que formemos una comunidad de personas al servicio de la vida, una escuela de amor, que en comunión con otras familias, respondiendo a la invitación diocesana a formar pequeñas comunidades parroquiales, participe activamente en la vida y misión de la Iglesia y colabore al desarrollo de la sociedad. Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, haz que nuestra familia sea, cada vez más, una íntima comunidad de vida y de amor. Impúlsanos a custodiar, revelar y comunicar el amor. Espíritu Santo, Agua Viva, haz de nuestra familia una verdadera Iglesia doméstica, desde donde se irradie el Evangelio y sus valores a otras familias. Fuego divino, ¡ven a nosotros!, danos las armas para luchar contra el egoísmo, el materialismo, el hedonismo y el relativismo moral. Impúlsanos a promover la dignidad de cada persona, defender los derechos humanos, y proponer una cultura de la solidaridad, la verdad, la justicia y la paz. Llénanos de fortaleza y audacia para hacer crecer el Reino de Dios en el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como en la educación y la vida profesional. Espíritu de amor, haz de nuestra familia un reflejo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Que entre nosotros, como en el hogar de Nazaret, tú te sientas en casa y puedas actuar con entera libertad. Haz que esta consagración sea un nuevo Pentecostés, principio de una nueva era para nuestra familia, marcada por el amor, la alegría y la esperanza. Amén.
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