Queridos hermanos: Hoy celebramos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
Esta celebración hunde sus raíces en el Nuevo Testamento, a partir de la Carta a los Hebreos, y extiende sus ramas hasta nuestra realidad actual, porque Nuestro Señor Jesucristo se ofrece por todos y para siempre.
Cristo es el pontífice perfecto y definitivo de la Nueva Alianza, que ejerce su sacerdocio a través de toda su vida, pero sobre todo mediante su pasión, muerte y resurrección. Es el mediador perfecto entre el Dios Padre y la humanidad (Hb 8-9).
A diferencia de los sacerdotes de la Antigua Alianza, que ofrecían sacrificios en el templo de Jerusalén una vez al año para implorar las bendiciones de Dios sobre el pueblo, Jesucristo ha ofrecido en la Cruz el único sacrificio perfecto y, una vez resucitado, está sentado a la derecha del Padre intercediendo eternamente por nosotros.
Con el sacrificio de la Cruz, el Señor Jesús comunica a todos sus discípulos la dignidad y la misión de sacerdotes de la nueva y eterna alianza, cumpliendo la promesa de un pueblo de reyes y sacerdotes (Ex 19,6), que San Pedro identifica con todos los cristianos: “Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación santa… (1Pe 2, 9).
Dentro de este pueblo sacerdotal y para su servicio existe el sacerdocio minister
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