Si yo quiero que te quedes aquí hasta el fin del mundo ¿te quedarías? Ante esta interrogante le dije que sí a Dios, para seguir salvando almas”, expresa el presbítero Antonio

Pech Navarro, quien hoy celebra 60 años de vida sacerdotal.
El padre Pech nació en esta ciudad el 12 de septiembre de 1921 y es el
tercer hijo, de cinco, del matrimonio que formaron Jacinto Pech
Cortázar y Petrona Navarro
El presbítero no lo piensa dos veces y afirma que en su ministerio sacerdotal la mayor satisfacción que ha tenido es servir a Dios.
Para celebrar el aniversario de ordenación sacerdotal, el padre oficiará una misa este domingo 22, a las 5:30 de la tarde, en la parroquia el Sagrado Corazón de Jesús, de la colonia Alemán.
Hace seis décadas, relata, se hizo sacerdote "para salvar mi alma salvando a los demás”.
A los 18 años de edad respondió al llamado al sacerdocio que le hacía Cristo. Antes, no había pensado estudiar alguna profesión o dedicarse algún oficio en particular. Desde los 14 años de edad era miembro de Acción Católica y catequista.
El 20 de noviembre de 1949 el padre Pech recibió el orden sacerdotal en el Seminario Conciliar, de manos del arzobispo Fernando Ruiz Solórzano.
El sacerdote se desempeñó como vicario de San Servacio, Valladolid; párroco de Sotuta, oficial mayor del Arzobispado, director de la Revista de Sacerdotes. Fue fundador e impulsor de varias iglesias, como el Sagrado Corazón de Jesús, de la colonia Alemán.
Recuerda que fue nombrado párroco de esta iglesia cuando no existía aún, pero en la que se había empeñado que existiera para atender a familias y niños del rumbo. "Vi que la gente necesita atención y yo estaba seguro que me iban ayudar”, recuerda.
La iglesia fue edificada hace 54 años y estuvo casi 36 años al frente como párroco. El padre es vecino del rumbo y desde su residencia, a pocos metros del templo, ofrece servicio espiritual a varias decenas de personas que lo buscan para consultar problemas del matrimonio, educación de los hijos, depresión, angustias, entre otros.
En la Alemán oficia misas los domingos, a las 6 de la tarde. Recuerda que hace años luchó para eliminar el uso obligatorio de las mantillas para las mujeres en las iglesias, y el uso de traje y corbata para los sacerdotes en la calle. "Imagínate andando en bicicleta o montando caballo a las 12 del día con el traje. Yo andaba en camión y llegaba bañado en sudor. No podías salir con guayabana”, indica el sacerdote.
Es el padre Pech Navarro el presbítero más grande de edad activo. Recuerda que un día, cuando estaba en oración, "le estaba pidiendo (a Dios) que me lleve al cielo. Soy el más viejo”.
En la oración el padre respondió un sí al Señor cuando sintió que Dios "me planteaba que me quedará aquí hasta el fin del mundo para servirle”.
Durante sesenta años, dice, se ha mantenido fiel a su vocación "por la felicidad de tener a Dios, que Dios vive conmigo, que me quiere”. Ante las adversidades de la vida, el padre comenta que "no hay tristeza, sino una gran fortaleza que viene de Dios y la certeza de que voy a ir al cielo”.