 Comunicado de Prensa de la Arquidiócesis de Acapulco
En días pasados, la Conferencia del
Episcopado Mexicano, reunida en su 88 Asamblea Plenaria
para, entre otras cosas, estudiar el tema de la violencia y la inseguridad
en México, ofreció un mensaje al pueblo mexicano, en el que adelanta
que pronto hará público un documento en el que presentará su visión
sobre este clamoroso asunto que aflige al país entero, acompañada
por una reflexión pastoral y unas líneas de acción que tendrán que
ser asumidas por todas las diócesis mexicanas en su acción pastoral.
En los trabajos
de la asamblea, los obispos pudimos compartir nuestras experiencias
sobre las formas cada vez más desgarradoras que la violencia, sobre
todo aquélla vinculada con el crimen organizado están desangrando
al país. Y pudimos reconocer la gravedad de este asunto que amenaza
con desbordarse de una manera incontrolada.
Manifestamos
en dicho mensaje que "nos cuestiona más que la indignación y el
coraje natural, lo que empieza a brotar en el corazón de muchos mexicanos:
la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por
propia mano”. Y lo que más nos preocupa es "el desprecio por la
vida, el ser humano convertido en mercancía, en objeto desechable”.
Los obispos
mexicanos hemos determinado asumir nuestra misión de "promover la
reconciliación y la paz” invitando a todos los mexicanos "a asumir
la propia responsabilidad, dejando atrás complicidades y actitudes
pasivas y complacientes”. Y hemos reconocido que "estamos ante un
problema que no se solucionará sólo con la aplicación de la justicia
y el derecho, sino fundamentalmente con la conversión. La represión
controla e inhibe temporalmente la violencia, pero nunca la supera”.
La Iglesia quiere
apelar a la nobleza de los mexicanos para una movilización general
hacia la reconciliación. En este momento es imprescindible la tarea
de reconstruir el tejido social que está seriamente lastimado
por la violencia cotidiana. Ante las amenazas del crimen organizado
es necesaria la unidad nacional para darnos a la tarea de construir
la paz. Sin esta unidad nacional básica estaremos siempre en desventaja
ante las organizaciones criminales.
La Iglesia en
México se dispone a generar y alentar un movimiento por la paz a partir
de su ministerio pastoral, en el que todos nos involucremos: los gobernantes,
los ciudadanos y las víctimas, que necesitan de nuestra solidaridad.
Y sigue haciendo un llamado a quienes están involucrados en los negocios
sucios y criminales: "Ya basta”.
Ante este panorama,
la Iglesia quiere "alentar la esperanza de quienes viven con miedo,
angustia e indignación”. En la provincia eclesiástica de Acapulco,
que comprende a las cuatro diócesis guerrerenses, estamos estudiando
una propuesta pastoral ante la violencia para convocar a todos a asumir
un papel de constructores de la paz. Jesucristo, quien saludaba a sus
discípulos diciéndoles "la paz sea con ustedes”, fundamenta
nuestra esperanza.
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