hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos
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Benedicto XVI: Lorenzo de Brindisi y la Sagrada Escritura
10:31 AM
Queridos hermanos
y hermanas,
recuerdo aún con alegría la acogida festiva que se
me reservó en 2008 en Brindisi, la ciudad que en
1559 vio nacer a un insigne doctor de la Iglesia,
san Lorenzo de Brindisi, nombre que Giulio Cesare Rossi asumió
al entrar en la Orden de los Capuchinos. Desde la
infancia fue atraído por la familia de san Francisco de
Asís. De hecho, huérfano de padre a los siete años,
fue confiado por la madre a los cuidados de los
frailes Conventuales de su ciudad. Algunos años después, sin embargo,
se trasladó con su madre a Venecia, y precisamente en
el Véneto conoció a los Capuchinos, que en aquella época
se habían puesto generosamente al servicio de toda la Iglesia,
para incrementar la gran reforma espiritual promovida por el Concilio
de Trento. En 1575 Lorenzo, con la profesión religiosa, se
convirtió en fraile capuchino, y en 1582 fue ordenado sacerdote.
Ya durante los estudios eclesiásticos mostró las eminentes cualidades intelectuales
de las que había sido dotado. Aprendió fácilmente las lenguas
antiguas, entre ellas el griego, el hebreo y el sirio,
y las modernas como el francés y el alemán, que
se unían al conocimiento de la lengua italiana y al
de la latina, que en esa época se hablaba con
fluidez entre los eclesiásticos y los hombres de cultura.
Gracias al
dominio de muchos idiomas, Lorenzo pudo llevar a cabo un
intenso apostolado hacia diversas categorías de personas. Predicador eficaz, conocía
de modo profundo no sólo la Biblia, sino también la
literatura rabínica, que los propios Rabinos se quedaban asombrados y
admirados, manifestándole estima y respeto. Teólogo versado en la Sagrada
Escritura y en los Padres de la Iglesia, era capaz
de ilustrar de modo ejemplar la doctrina católica también a
los cristianos que, sobre todo en Alemania, se habían adherido
a la Reforma. Con su exposición clara y tranquila, mostraba
el fundamento bíblico y patrístico de todos los artículos de
fe puestos en discusión por Martín Lutero. Entre estos, la
primacía de san Pedro y de sus sucesores, el origen
divino del Episcopado, la justificación como transformación interior del hombre,
la necesidad de las obras buenas para la salvación. El
éxito que gozó Lorenzo nos ayuda a comprender que también
hoy, llevando hacia adelante el diálogo ecuménico con tanta esperanza
y la confrontación con las Sagradas Escrituras, leídas según la
Tradición de la Iglesia, constituyen un elemento irrenunciable y de
fundamental importancia, como he querido recordar en la Exhortación Apostólica
Verbum Domini (n.46).
También los fieles más sencillos, no dotados de
gran cultura, se beneficiaron de las palabras convincentes de Lorenzo,
que se dirigía a la gente humilde para exhortar a
todos a la coherencia de la propia vida con la
fe profesada. Esto fue un gran mérito de los Capuchinos
y de otras órdenes religiosas, que en los siglos XVI
y XVII, contribuyeron a la renovación de la vida cristiana
penetrando en profundidad en la sociedad con su testimonio de
vida y sus enseñanzas. También hoy, la nueva evangelización necesita
apóstoles bien preparados, con celo y valientes, para que la
luz y la belleza del Evangelio prevalezcan sobre las tendencias
culturales del relativismo ético y de la indiferencia religiosa, y
transformen los distintos modos de pensar y de actuar en
un auténtico humanismo cristiano. Es sorprendente que san Lorenzo de
Brindisi pudiera desarrollar ininterrumpidamente esta actividad de apreciado e infatigable
predicador en muchas ciudades de Italia y en distintos países,
no obstante realizara encargos importantes y de gran responsabilidad. Dentro
de la Orden de los Capuchinos, de hecho, fue profesor
de teología, maestro de novicios, muchas veces ministro provincial y
consejero general y, finalmente ministro general del 1602 al 1605.
En
medio de tantos trabajos, Lorenzo cultivó una vida espiritual de
fervor excepcional, dedicando mucho tiempo a la oración y de
modo especial a la celebración de la Santa Misa, que
a menudo conllevaba horas, entendiendo y conmoviéndose con el memorial
de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
En la escuela
de los santos, todo presbítero, como ha menudo se ha
subrayado durante el reciente Año Sacerdotal, puede evitar el peligro
del activismo, de actuar, es decir, olvidando las motivaciones profundas
del ministerio, solamente si cuida su propia vida interior. Hablando
a los sacerdotes y a los seminaristas en la catedral
de Brindisi, ciudad natal de san Lorenzo, he recordado que
"el momento de la oración es el más importante en
la vida del sacerdote, es en el que actúa con
más eficacia la gracia divina, fecundando su ministerio. Rezar es
el primer servicio que hay que ofrecer a la comunidad.
Y por esto, los momentos de oración deben tener en
nuestra vida una verdadera prioridad.. Si no estamos interiormente en
comunión con Dios, no podemos dar nada a los demás.
Por esto Dios es la primera prioridad. Debemos reservar siempre
el tiempo necesario para estar en comunión de oración con
nuestro Señor”. Por lo demás, con el ardor inconfundible de
su estilo, Lorenzo exhorta a todos, no sólo a los
sacerdotes, a cultivar la vida de oración porque por medio
de esta nosotros hablamos a Dios y Dios nos habla
a nosotros: "¡Oh, si tuviésemos en cuenta esta realidad! -exclama-
Es decir que Dios está de verdad presente ante nosotros
cuando le hablamos rezando; que escucha verdaderamente nuestra oración, aunque
si solo rezamos con el corazón y con la mente.
Y no sólo está presente y nos escucha, sino que
puede y desea contestar voluntariamente y con máximo placer nuestras
preguntas”.
Otro detalle que caracteriza la obra de este hijo de
San Francisco es su actuación por la paz. Sea los
Sumos Pontífices que los príncipes católicos le confiaron repetidamente importantes
misiones diplomáticas para dirimir controversias y favorecer la concordia entre
los Estados Europeos, amenazados en aquel tiempo por el Imperio
otomano. La autoridad moral que tenía lo hacía ser considerado
consejero solicitado y escuchado. Hoy, como en los tiempos de
San Lorenzo, el mundo tiene necesidad de hombres y mujeres
pacíficos y pacificadores. Todos los que creen en Dios deben
ser siempre fuentes y constructores de paz. Fue en ocasión
de una de estas misiones diplomáticas cuando Lorenzo terminó su
vida terrena, en 1619 en Lisboa, donde había ido a
encontrarse con el rey de España, Felipe III, para defender
la causa de sus súbditos napolitanos acosados por las autoridades
locales.
Fue canonizado en 1881 y, con motivo de su vigorosa
e intensa actividad, de su amplia y armoniosa ciencia, mereció
el título de Doctor apostolicus, "Doctor apostólico”, de parte del
Beato Papa Juan XXIII en 1959, con ocasión del cuarto
centenario de su nacimiento. Tal reconocimiento fue concedido a Lorenzo
de Brindisi, también, porque fue autor de numerosas obras de
exégesis bíblica, de teología y de escritos destinados a la
predicación. En estos ofrece una exposición sistemática de la historia
de la salvación, centrada en el misterio de la Encarnación,
la más grande manifestación del amor divino por los hombres.
Además, siendo un mariólogo de gran valor, autor de un
compendio de sermones sobre Nuestra Señora llamado "Mariale”, pone en
evidencia el papel único de la Virgen María, de la
que afirma con claridad la Inmaculada Concepción y la cooperación
en la obra de redención cumplida en Cristo.
Con fina sensibilidad
teológica, Lorenzo de Brindisi también puso de relieve la acción
del Espíritu Santo en la existencia del creyente, Nos recuerda
que con sus dones, la Tercera Persona de la Santísima
Trinidad, ilumina y ayuda en nuestro compromiso de vivir con
alegría el mensaje del Evangelio. "El Espíritu Santo -escribe San
Lorenzo- vuelve dulce el yugo de la ley divina y
ligero su peso, de manera que sigamos los mandamientos de
Dios con gran facilidad, incluso con complacencia”.
Quisiera completar esta breve
presentación de la vida y de la doctrina de San
Lorenzo de Brindisi, destacando que toda su actividad fue inspirada
por un gran amor a las Sagradas Escrituras, que sabía
ampliamente de memoria, y por la convicción de que la
escucha y la acogida de la Palabra de Dios produce
una transformación interior que nos conduce a la santidad. "La
Palabra del Señor -afirmó- es luz del intelecto y fuego
para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y
amar a Dios. Para el hombre interior, que por medio
de la gracia vive del Espíritu Santo, es pan y
agua, pero pan dulce como la miel y agua mejor
que el vino y la leche... Es un martillo contra
un corazón duramente obstinado en los vicios. Es una espada
contra la carne, el mundo y el demonio, para destruir
todo pecado”. San Lorenzo de Brindisi nos enseña a amar
las Sagradas Escrituras, a crecer en la familiaridad con ella,
a cultivar cotidianamente la relación de amistad con el Señor
en la oración, para que todas nuestras acciones, toda nuestra
actividad tenga en Él su comienzo y su cumplimento. Esta
es la fuente a la que acudir para que nuestro
testimonio cristiano sea luminoso y sea capaz de conducir a
los hombres de nuestro tiempo hasta Dios.
[En español dijo]
Saludo cordialmente
a los peregrinos de lengua española, en particular a los
grupos provenientes de España, Ecuador, Perú, Argentina, México y otros
países latinoamericanos. Os invito a que, siguiendo el ejemplo de
San Lorenzo de Brindis, escuchéis y acojáis la Palabra de
Dios, para que os dejéis transformar interiormente y, así, cada
una de vuestras acciones tenga al Señor como su inicio
y tienda a él como a su fin. Muchas gracias.