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    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos


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    Inicio » 2009 » Noviembre » 27 » Carta a Sacerdotes 1 de Nov de 2009
    Carta a Sacerdotes 1 de Nov de 2009
    8:30 AM
    Mérida, Yuc.,
    1de noviembre de 2009

    + Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
         Arzobispo de Yucatán

    Si no tuviéramos el sacramento del Orden,
     no tendríamos a Nuestro Señor.
     ¿Quién lo ha puesto en el tabernáculo? El sacerdote.
    ¿Quién ha recibido tu alma al entrar en la vida? El sacerdote.
    ¿Quién la nutre para darle fuerza para peregrinar? El sacerdote.
    (Santo Cura de Ars)


    Queridos hermanos en el Presbiterio:

    La fiesta de todos los santos de este día, me da la oportunidad de comunicarme epistolarmente con ustedes.

    Desearía iniciar la reflexión con la frase bíblica "Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5.14) porque cada uno de nosotros ha sido puesto como "faro de luz” para guiar a todos los fieles hacia el único puerto que es Cristo.

    Por vocación, Cristo nos ha invitado a hacer de la única experiencia de la vida,  experiencia de amor, y esto no lo podemos lograr sin la experiencia humilde, y fiel de la oración.

    Comunicar a otros el mensaje del Evangelio, hacer que penetre al corazón de nuestros interlocutores, que transforme sus vidas, que el Evangelio se convierta en una referencia habitual precedente a cualquier toma de decisión, es fruto de gracia del Espíritu Santo.

    Por ello nuestro corazón sacerdotal debe vaciarse de banalidades para que CADA VEZ MÁS ESTÉ LLENÁNDOSE DE SU AMOR.

    Nuestra vocación va más allá y exige más, que ser meros "comunicadores de Cristo” actuamos "en persona de Cristo”, luego debemos estar impregnados de su amor.

    No solo vamos a transmitir la "Buena nueva del Evangelio”, sino a irradiar el amor de Cristo. Vamos a contagiar, entusiasmar, involucrar en este amor de Cristo a todos los que cruzan nuestra vida, conscientes de que "nada es coincidencia, todos es Providencia”.

    Debemos transmitir y comunicar, no tan solo un conocimiento teológico, sino unas experiencia, una real vivencia, de lo que significa la dinámica interior de diálogo cotidiano con Jesús, en la intimidad de mi corazón y en el silencio de la oración que me vuelve disponible a escucharlo y acogerlo, por aquella sabia máxima: "Dios hablar claro, pero quedo” hay que hacer silencio interior para escucharlo.

    Los santos no son tan solo aquellos hombres y mujeres ejemplares, que la Iglesia como Madre y Maestra nos propone como modelos a seguir, ideales y adalides, de un estilo de vida que debe estimular la nuestra.

    La gracia de la santidad, que es un don, indica el anhelo y deseo de Dios de participar plenamente en nuestra historia.

    Ellos reflejan la belleza de Dios, su plan sobre la humanidad, y la virtud que se transforma en actitud de una persona concreta y tangible.

    En palabras  de Thomás Merton: "un santo es una ventana a través de la cual la misericordia de Dios, resplandece sobre el mundo”.

    Ellos han logrado que en su corazón, avance la luz de la generosidad, superando la oscuridad del egoísmo.

    Son espejos de la dignidad, para la cual hemos sido creados por Él, y de la enorme oportunidad  y del horizonte que se abre, ante cada existencia humana.

    La santidad es invitación y reto, es oportunidad y desafío.

    Es una decisión hecha de confianza, de que la gracia del Espíritu todo lo puede, en el corazón  de la persona que abre la puerta, que acepta, acoge, para engendrar a Cristo: "Hágase en Mí, según tu Palabra”.

    Los santos iluminan la vida de los demás. Cumplen ese deseo de Dios sobre la creación: "¡Hágase la luz!” y está restauración en Cristo, que es la obra de la santificación. Se realiza en la venida de Cristo y ofrece el proyecto de plenitud, a la luz de la Cruz de Jesús, en la consumación de la redención del Calvario.

    Los santos no sólo nos muestran lo bueno que podemos ser, sino la suprema bondad de Dios. Ellos son testigos del amor de Cristo, y reflejan la bondad de Dios en medio de nosotros.

    Al igual que piedras preciosas, en un gran mosaico, cada santo revela y acentúa un atributo especial del ser ilimitado de Dios, algún tono único del esplendor divino.

    Son como un eco de la voz de Dios que llama a la humanidad para que vuelva a casa, y reciba el abrazo misericordioso del padre.

    Son recordatorios de Dios, para abrir la humanidad a la transcendencia, recreando la invitación del mensaje del Evangelio, ante los ojos de cada época.

    Ellos comprendieron que por muchas nubes que traiga la tormenta y por muy oscurecido que está el día, nunca se puede dudar del sol.

    Ellos amaron y se comprometieron entrañablemente a favor de sus hermanos –las personas- pero sin apegarse a ellas, y sin dejar de dar su valoración y primacía al que las ha creado.

    "Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado” (Jn 17.11).

    Cristo está presente en mi corazón por la fe y el amor, pero Cristo está también presente en el corazón del hermano. Debo tener la capacidad de reconocerlo en el mío y en él.

    Esto me lleva a reconocer Su presencia en el otro,  y a amar a mi hermano.

    Hacia allá nos "lleva la espiritualidad de la comunión” palabras tan queridas para el Santo Padre Juan Pablo II. 

    Debe ser una permanente actualización del don de Dios de Pentecostés.

    De donde la Iglesia primitiva obtuvo su arrojo decisión y valor, para ir por todo el mundo, (dimensión misionera) pero con el testimonio constante de la fraternidad (actualización de la caridad).

    Esta espiritualidad de la comunión: Con Cristo, con la Iglesia, con mi hermano; hará por la gracia del Espíritu, nos lleve a ser verdaderos discípulos de la Palabra, misioneros de la Buena Nueva, y testigos del amor de Cristo, en la dinámica fraternal de nuestra comunidad eclesial.

    La Santísima Virgen nos obtenga en su Sí, esta gracia, don y bendición.



    + Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
    Arzobispo de Yucatán



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