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    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos


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    Inicio » 2010 » Febrero » 22 » Cuaresma Tiempo de Conversión
    Cuaresma Tiempo de Conversión
    9:19 AM

    "Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”.  (Mt 5, 20)
    La Cuaresma es un tiempo especial de gracia que nos prepara para vivir a plenitud la Pascua. La Iglesia nos la presenta como un camino para seguir más de cerca Jesucristo, a través de escuchar de la Palabra de Dios, orar con mayor profundidad y compartir con nuestros hermanos.
    La cuaresma tiempo de misericordia
    Podemos decir que la Cuaresma es un tiempo providencial, que nos ofrece la oportunidad de profundizar en el valor de ser discípulos de Jesucristo y de descubrir, nuevamente, la misericordia de Dios, para que también nosotros podamos ser misericordiosos con nuestros hermanos.
    De esa manera podremos, con mayor convicción y eficacia, colaborar en la construcción de una sociedad mejor, sobre todo en este tiempo en que se vive una cultura materialista, que nos arrastra frecuentemente a interesarnos más por lo material y por la comodidad; que suele encerrarnos y evitar que podamos proyectarnos hacia los demás en actitud de verdadera fraternidad.
    En la cuaresma la Iglesia nos invita a asumir algunas actitudes que impulsen concretamente nuestro proceso de renovación interior. Estos compromisos específicos son, principalmente, la oración, el ayuno y la limosna.
    La oración: contemplar al crucificado
    La cuaresma es un tiempo especial en el que hemos de contemplar al crucificado, al Señor que derramó su sangre y entregó su vida para que nosotros podamos tener vida. En su Mensaje para la  Cuaresma 2007 el Papa Benedicto XVI invitaba  a todos a dejarnos invadir por el testimonio de Cristo-Amor, de manera que al asimilarlo y hacerlo nuestro, podamos comunicarlo a los demás, especialmente a quienes se encuentran en dificultades morales o materiales.
    Cristo clavado en la cruz, -señalaba el Papa- Cristo traspasado por la lanza del soldado, es la revelación más impresionante del amor de Dios. Un amor que se derrama en la sangre misma del que pende de la cruz y al mismo tiempo un Dios que sacrifica a su Hijo mendigando el amor de su criatura; Dios tiene sed del amor de cada uno de nosotros.
    Muchos santos han encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora del misterio del amor. La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por El.
    Sin embargo –señala el Papa- aceptar su amor no es suficiente. Hace falta corresponder a ese amor y comprometerse además a comunicarlo a los demás. Cristo nos atrae hacia El para unirse a nosotros y para que aprendamos a amar a los demás con su mismo amor.
    La Cuaresma es un tiempo propicio para permanecer con la Virgen María y con Juan, el discípulo amado, junto a aquel que en la Cruz entregó su vida para salvación de la humanidad.  (Jn 19, 25).
    El Ayuno
    El ayuno, según las posibilidades de cada uno, la mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma.
    No se trata de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestan y de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos y las pequeñas exigencias que se nos presentan a diario.
    De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir con desapego y generosidad, nos libera tal vez hasta de problemas físicos y dispone nuestra voluntad para asumir con generosidad las tareas y compromisos de todos los días.
    En nuestro tiempo, la mortificación es necesaria para expiar nuestros pecados y reparar por los del mundo entero. A través de los siglos, la humanidad siempre ha sido pecadora, pero lo reconocía y hacia penitencia por ello. Hoy no es así, se vive en pecado, no se le llama pecado sino que al contrario se vive orgulloso de ello. Se están rechazando los principios morales y éticos, y por ello la humanidad ha perdido la libertad interior y ha llegado a ser víctima del peor tirano: del propio "yo" y del demonio.
    La limosna
    La práctica de la limosna representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, es un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. El Evangelio no dice que no somos dueños absolutos de los bienes que poseemos, sino simples administradores. Por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama ser instrumentos de su providencia. Los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal.
    El Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: "El hombre, al servirse de los bienes, debe considerar las cosas externas que posee legítimamente, no sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que han de aprovechar no sólo a él, sino también a los demás. La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus próximos”. (2404).
    Hay más gozo en dar que en recibir
    La limosna tiene la finalidad de educarnos en el amor y la generosidad, pues hay más dicha en dar que en recibir. A través de esta experiencia podremos comprender, aunque sea poco a poco, que el hecho de compartir lo que somos y tenemos modela el corazón humano, que de esa manera se hace cada vez más capaz de recibir el amor y el perdón de Dios.
    No olvidemos que el gran tesoro que poseemos los cristianos es el mismo Cristo. Y, precisamente, cuando compartimos con los que tienen menos, lo hacemos «entregando» a Cristo, desde su amor y por su amor, ya que el Señor se identifica con todo aquel que está necesitado.
    Cuando amamos al pobre, amamos a Cristo, y de esa manera lo damos a conocer. Sabemos por la fe que no son las riquezas y los bienes materiales lo que mueve realmente al mundo, la fuerza del amor es el verdadero motor de la historia.

     
    + Juan Navarro Castellanos
V  Obispo de Tuxpan


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