
El pasado miércoles celebramos con el signo de la imposición de la ceniza el inicio de la Cuaresma, como un tiempo litúrgico importante de conversión y penitencia, que nos prepara para celebrar las fiestas de la Pascua, y que nos ofrece a los cristianos la oportunidad de abrir nuestro corazón y nuestra vida al perdón, a la paz y a la reconciliación como formas concretas para afrontar nuestra condición humana de pecadores.
El pecado manifiesta su crudeza y brutalidad de diversas formas muy presentes en nuestra sociedad. La violencia en todas sus formas, la corrupción en todos los espacios humanos, la pobreza extrema de pueblos enteros y la organización para el crimen son algunas manifestaciones más visibles. Si éstas tienen raíces sociales, también tienen raíces espirituales, que tienen que tocarse para que puedan ser superadas. Y durante la cuaresma se nos brinda la oportunidad, personal y comunitariamente, de vivir la conversión y la penitencia, para unirnos al misterio pascual de Cristo.
El Evangelio de este domingo nos muestra a Jesús con una actitud extraordinaria que lo lleva a vencer la tentación de abandonar su misión. Su ejemplo nos invita a apoyarnos en la Palabra de Dios para salir airosos en las batallas contra el mal que nos acecha por todas partes. Además, nos brinda la certeza de la victoria sobre el mal y nos devuelve la esperanza.
Esta cuaresma es una gran oportunidad para fortalecer la esperanza en que el mal puede ser vencido con el poder de la fe. Males endémicos como la corrupción, la marginación, la violencia pueden ser vencidos, pues no son parte de la naturaleza humana. Son expresiones de la malicia humana que ciega a las personas y a las instituciones y les da una dinámica de violencia. La esperanza que surge de la fe nos asegura que todo esfuerzo a favor de la justicia y de la paz no será vano y tendrá frutos.
Interés pastoral ante La Parota
En días pasados recibí a algunos miembros del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a La Parota, quienes con mucho interés me dieron a conocer, como representante de la Arquidiócesis de Acapulco, su visión y sus razones en torno a su lucha en contra del proyecto hidroeléctrico de La Parota. Tuvimos un encuentro cordial y muy respetuoso en el cual expusieron su punto de vista ante este proyecto que ha resultado controvertido. El tiempo de diálogo no fue suficiente, por lo que voy a continuar con este contacto con el fin de conocer a fondo el tema y su punto de vista, lo mismo que en su momento, buscaré más información y conocer otros puntos de vista que se me ofrezcan, para el mejor conocimiento del tema y poder emitir mi opinión al respecto, teniendo como referencia la doctrina social de la Iglesia y con un interés fundamentalmente pastoral, de acompañar a mi pueblo en estos temas que son controvertidos.
Por lo pronto, quiero hacer un llamado a la paz y a la unidad social que debiera prevalecer sobre cualquier postura relacionada con este proyecto de La Parota y con otros proyectos que no aparecen tan palpablemente beneficiosos para el pueblo. En estas circunstancias, será necesario estudiar a fondo las implicaciones sociales y ambientales de los proyectos para que resulten en beneficio real para toda la sociedad, sin excluir a nadie y menos a los dueños de las tierras. Por otra parte, es imprescindible socializar la información y la toma de decisiones sobre cualquier proyecto que afecte a los sectores más vulnerables de la sociedad. A toda costa hay que evitar polarizaciones o afectaciones al tejido social que agraven los problemas que ya agobian a la sociedad, y reflejen la real preocupación por el beneficio de la comunidad, de las familias y las personas.