
Muy hermoso se veía el cementerio de Xoclán ayer, pues por obra y gracia del recuerdo y el cariño fue convertido en un jardín lleno de aromas de flores, que lucían sus colores sobre las tumbas recién lavadas y pintadas hasta donde llegaba la vista.
Ese fue el escenario en el que, al mediodía, el Arzobispo de Yucatán Emilio Carlos Berlie Belaunzarán ofició ante más de dos mil personas la misa de Fieles Difuntos, en la que estuvo acompañado por el párroco de San Pedro Apóstol Justo Ceballos y el padre Guillermo Ceballos.
Con la gente de adelante sentada bajo toldos que los protegían del fuerte sol, y los de más atrás sentados bajo la sombra de los árboles, Berlie señaló que aunque el camino de los justos en la tierra esté sembrado de sufrimientos, pruebas y momentos de oscuridad, y aunque la muerte pareciera un fracaso, ellos permanecen en la serenidad y la paz, porque su itinerario terreno está iluminado y marcado por Dios.
Usando la imagen del profeta Nahum, señaló que en el día del juicio brillarán los justos como chispas de fuego y luz, que describen figuras caprichosas, al unirse y mezclarse con el gran fuego que enciende e ilumina todo el universo. Será así porque participarán de la grandeza del Señor, que gobierna el destino y la historia. Añadió que los justos en la grandeza del amor de Dios se verán envueltos de gracia y misericordia, por ello su esperanza está llena de inmortalidad, y su historia está llena de paz y misericordia, pues "Dios ama a los elegidos y cuida de ellos”.
Dijo también que el ser humano desde que tuvo la oportunidad de vivir ha construido muchas cosas, entre ellas sepulcros, testimonio mudo pero elocuente de la trascendencia de los muertos, que por el amor permanecen vivos en el corazón y por la fe en la presencia de Dios.
Explicó que cada ser humano deja siempre algo que no pudo realizar o completar, lo que es el precio inevitable de ser criatura y tener la vida prestada, pero con la muerte se entra en la dimensión del amor infinito, y por eso es tan importante que nuestro tiempo corto y limitado no se desgaste en odios, sino se aproveche y multiplique en el amor, pues el amor nos hace pasar de la muerte a la vida, y es la razón de que un autor señale: "Decirle a alguien te amo, es decirle: Tú vivirás por siempre”. Explicó este concepto señalando que el amor que se prodiga como Cristo lo quiere hacer vivir, y también continúa la obra de los que nos precedieron, la completa, vitaliza a los que lo reciben en vida, como decía aquél conocido poema: "en vida, hermano, en vida”.
Por otra parte destacó que la Eucaristía, memorial de la Pascua de Jesús, es fuente de paz y de perdón, y al ofrecer la santa misa por nuestros difuntos, se está repitiendo con Jesús: Padre, perdónalos.
Y hay que decir también: Padre, perdónanos, pues así seremos solidarios con ellos, nuestros difuntos, con la Iglesia, purgante y triunfante del más allá. Y tendremos la fuerza del amor de Cristo para vivir, haciendo que el amor se transforme en vida.
Dijo asimismo que la vida y la muerte en el sentido espiritual constituyen el meollo del capítulo 25 de San Mateo, en el que se explica que lo que cuenta en la vida es el amor, que lo que queda de todo lo dicho, pensado y programado, es el amor. Porque el amor es siempre grande, hace que el corazón se dilate, si bien en la práctica se va a mostrar en signos pequeños: un vaso de agua, un pedazo de pan, una visita, una palabra de comprensión y aliento, una mano que se extiende para apoyar y sostener. El amor es siempre grande porque deriva y proyecta, provenientemente siempre, de la grande hoguera del amor de Dios.
fuente:
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=1&idTitulo=126097