hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos
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Exhortación Que en Cristo Nuestra Paz México tenga vida Digna
10:05 AM
Recordamos a todos los ciudadanos que los obispos mexicanos presentaron la siguiente exhortación Exhortación Que en Cristo Nuestra Paz México tenga vida Digna 54. En un Estado democrático y de derecho como pretende ser el nuestro, las demandas sociales y civiles deben ser atendidas y respondidas. Cuando este derecho de los ciudadanos no encuentra cauces adecuados se originan distintas formas de protesta social por parte de grupos y de personas, que dejan de ser legítimas cuando recurren a la violencia y amenazan la paz pública. El gobierno, que actúa en nombre del Estado, tiene la delicada tarea de distinguir entre las formas legítimas de protesta social y las acciones delictivas con las que ésta puede confundirse.
55. No se debe criminalizar la protesta social y quienes recurren a ella para expresar legítimamente sus inconformidades tienen la responsabilidad social de respetar los derechos de terceros. La superación pacífica de los conflictos sociales requiere de quienes actúan en nombre del Estado la pericia del diálogo y de la mediación política antes que el recurso a la represión o la judicialización de los conflictos. De los líderes sociales requiere un claro sentido del bien común, del respeto al derecho ajeno y de capacidad de diálogo y concertación.
61. Cuando no hay confianza en la vida social, los grupos se mueven por intereses privados y las situaciones que les afectan se deciden por lógicas de poder; esto tiene efectos disgregadores en la sociedad. Para tener una sociedad responsable que asuma con decisión la urgencia de responder a los desafíos de la inseguridad y la violencia es necesario recuperar la confianza y credibilidad social. En una sociedad plural, como en la que vivimos, no podemos sin más excluir la visión de las cosas que tienen los demás sólo por que contrastan con las propias. Una sociedad responsable tiene que aprender el arte del diálogo, de la mediación, de la negociación y la búsqueda del bien común.
66. La seguridad de los ciudadanos es multidimensional y tiene que ser integral. Tiene que ver con el tejido social; cuando éste existe hay control social en sentido positivo. El tejido social es más fuerte en las comunidades pequeñas que en las grandes urbes, por lo cual es importante crearlo y fortalecerlo en las ciudades, ya que a mayor tejido social, mayor seguridad. Para generar acciones que permitan la reconstrucción del tejido social, es necesario fomentar la responsabilidad social y el diálogo real, honesto y fértil entre sociedad y Gobierno para la construcción de la paz. 133. Jesús rechazó la violencia como forma de sociabilidad y lo mismo pide a sus discípulos al invitarlos a aprender de su humildad y mansedumbre (Cf. Mt 11, 29). Para romper la espiral de la violencia, recomienda poner la otra mejilla (Cf. Mt 5, 39) perdonar siempre (Cf. Mt 18, 22) y amar a los enemigos (CF. Lc 6,35) paradoja incomprensible para quienes no conocen a Dios o no lo aceptan en sus vidas. La motivación evangélica que justifica esta recomendación es clara: imitar a Dios (Cf. Mt 5,45); el amor a los enemigos hace al ser humano semejante a Dios y en este sentido, lo eleva, no lo rebaja. Así el discípulo se incorpora en la corriente perfecta del amor divino para salir de sí mismo y construir una humanidad solidaria y fraterna. El discípulo de Jesús debe amar gratuitamente y sin interés, como ama Dios, con un amor por encima de todo cálculo y reciprocidad.
153. La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial y proyecto de solidaridad para toda la humanidad, actualiza en todos los discípulos misioneros de Jesucristo la vocación y misión de ser artífices de paz. En efecto, quien participa en la Eucaristía de manera activa, consciente y responsable, «aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida.»72 En medio de las situaciones de violencia los cristianos somos interpelados «a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz, donde se forman hombres y mujeres que, en los diversos ámbitos de responsabilidad de la vida social, cultural y política, sean artesanos de diálogo y comunión.»
167. El mejor camino para alcanzar los consensos que son necesarios para la creación de estructuras sociales justas, es colaborar con los hombres y mujeres de buena voluntad y encontrar juntos caminos para dialogar, con un lenguaje común y comprensible, sobre los problemas del ser humano en lo concreto de las circunstancias de la nación mexicana. Para ello, es necesario educar y favorecer en nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación e integración.
168. El fundamento de este diálogo es la ley moral universal inscrita en el corazón humano, que constituye una autentica «gramática» del espíritu, con la cual la sociedad puede afrontar las situaciones que amenazan la paz. El punto de partida, sin duda alguna, es la reservación de los fundamentos de la convivencia humana: verdad, justicia y libertad, que los discípulos de Cristo asumen desde la fuerza que los mueve, que es la fuerza de la Caridad.
202. La educación para la paz nos pide un lenguaje pacífico y pacificador, que sea capaza de expresar la riqueza de nuestros pensamientos y sentimientos de paz y por ello, sea un lenguaje propicio para la comunión y la reconciliación. c) Promover el diálogo como camino real para la superación de todas las confrontaciones. «El diálogo se presenta siempre como instrumento insustituible para toda confrontación constructiva tanto en las relaciones internas de los Estados como en las internacionales». La actitud dialogante no es innata. Se adquiere por la educación. Hemos de aprender a pasar de la violencia al grito y del grito a la palabra. El aprendizaje ha de ser desde la edad temprana. La familia y la escuela son dos espacios privilegiados para aprender a solventar los conflictos por vía pacífica y dialogal.
d) Capacitar y capacitarnos para la escucha. Constatamos que en ocasiones nuestra palabra, ofrecida para una respuesta humana y cristiana a los problemas, es recibida con recelo en ciertos ambientes sociales. Nos llama la atención que la invitación al diálogo, a la reconciliación, a la misericordia con los que sufren, y al perdón se vea envuelta en el manto de la sospecha. Los pastores de la Iglesia no podemos renunciar a ofrecer este servicio; si lo hiciéramos no cumpliríamos a cabalidad con nuestro ministerio y mutilaríamos sensiblemente el mensaje del Señor. Nosotros, por nuestra parte, tenemos el compromiso de escuchar las voces de los demás.
213. Para fortalecer la capacidad de incidencia social de la sociedad civil responsable nos comprometemos a:
b) Animar el diseño e implementación de un proyecto de diálogo para llegar a acuerdos nacionales, en los cuales nadie sea excluido. Sin acuerdos en distintos órdenes de la vida social caemos en una yuxtaposición de proyectos de grupos, de bandas rivales que no tienen un horizonte más amplio que el de sus propios intereses.
c) Promover la cultura del diálogo como forma privilegiada de contribuir con aportes desde las propias convicciones en la construcción de lo público.
231. En el imaginario colectivo hay quienes atribuyen responsabilidad a las religiones en el desarrollo de conflictos sociales y la imposibilidad de un diálogo entre creyentes de distintos credos. Nosotros creemos y sabemos que es posible un diálogo respetuoso con todas las demás religiones, que favorezca la convivencia de todos los pueblos y credos y fortalezca la libertad religiosa y la paz de toda la familia humana. Esto tiene su fundamento en la concepción de Dios como origen y dador de la paz, a las personas y a los pueblos.
232. Para contribuir a la construcción de la paz, los católicos debemos desarrollar una conciencia ecuménica y un compromiso por la unidad, teniendo como uno de sus medios, la búsqueda del bien común y la promoción de iniciativas sociales de paz y desarrollo social. El diálogo interreligioso a su vez ayuda a la construcción de la nueva humanidad, especialmente en los aspectos de la colaboración en el bien común, la superación de la violencia por causas religiosas fundamentalistas, la educación para la paz y la convivencia ciudadana. De la encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate 4. Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es « lógos » que crea « diá-logos » y, por tanto, comunicación y comunión. 57. El diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad. 59. La cooperación para el desarrollo no debe contemplar solamente la dimensión económica; ha de ser una gran ocasión para el encuentro cultural y humano.