
La fiesta de Nuestra Señora del Carmen está ligada al Monte Carmelo, y nos recuerda que para llegar a Dios hay que esforzarse, pues no todos suben la montaña, expresó monseñor Rafael Palma Capetillo, obispo auxiliar de Yucatán, en la misa solemne que encabezó ayer a las 13 horas en la iglesia de Mejorada, que tiene como patrona a esa advocación de la Virgen María.
El prelado habló de varios signos que acompañan a la Virgen del Carmen, como lo es el Monte Carmelo, ubicado al norte de Tierra Santa, que fue lugar importante de oración en el Antiguo Testamento, por el profeta Elías, y en la Edad Media.
Otro signo es la estrella que alude a la Virgen como reflejo de la luz de Dios. La devoción a esta advocación, indica, va acompañada de signos como el escapulario y la medalla que se colocan sobre el pecho, los cuales significan la protección de Dios.
Eso recuerda que, así como Cristo protege a su Madre, así la gracia de Dios protege y salva a quienes usan esos signos.
El signo externo, agregó, representa lo que se quiere ser de manera más intensa y significativa en el interior, en el corazón, el amor a Dios. El escapulario o la medalla son como escudos que tienen la gracia de Dios y protegen de todo mal. Debe ser también un manifiesto de que se quiere hacer la voluntad del Señor y de seguir las enseñanzas que nos ha dejado.
Destacó que la Eucaristía es fundamental para acercarse a Dios, y es como subir la montaña de la fe y el amor para encontarse con Él. La Virgen, dijo, nos enseña el camino para tener a Dios presente primero en todo lo que hacemos, en nuestras decisiones y acciones.
En la ceremonia, monseñor Palma Capetillo estuvo acompañado por el párroco de Nuestra Señora del Carmen, padre Alberto José Ávila Cervera, y el diácono, Juan Antonio May Correa.-