Para ellos no es sólo un tiempo de reflexión, sino también de darse a
los demás para compartir y entender el sacrificio de Cristo y
regocijarse juntos de la resurrección del Señor.
Así es la Semana Santa para los misioneros de la parroquia de María
Inmaculada, quienes ayer partieron a comunidades del interior del Estado
para llevar la Palabra de Dios.
El párroco, monseñor Álvaro García Aguilar, presidió ayer la misa de
envío en la cancha techada del Instituto Patria. Los 1,177 misioneros,
de 16 grupos juveniles de la parroquia, estuvieron presentes en la misa,
así como padres, hermanos y abuelos.
Antes de la misa, los jóvenes se mostraban entusiasmados, compartían
entre sí sus expectativas de las misiones, del lugar al que les había
tocado acudir, y se deseaban suerte unos a otros.
Los cantos y aplausos revelaban el buen ánimo de los participantes.
Monseñor Álvaro los exhortó a tener presente que son mensajeros del amor
de Cristo y deben transmitir el mensaje de esperanza y fe que resurge
en Semana Santa con la muerte y resurrección del Señor.
El padre Alejandro Álvarez Gallegos, quien concelebró la misa, destacó
que las misiones son una oportunidad para que los jóvenes vivan la
Semana Santa con más intensidad.
Fortalecimiento
Recordó que los integrantes de los grupos juveniles acuden cada sábado a
esas comunidades a transmitir la Palabra de Dios, de manera que en
Semana Santa lo que hacen es intensificar estas acciones, acercarse más a
la gente y reforzar el sentido de comunidad y amor a Cristo.
Señaló que los misioneros se fortalecen en su propia fe, pues la
exprimentan de una manera distinta al darse cuenta que no sólo se trata
de enseñar algo ni de recibir, sino de dar.
Los jóvenes portaron playeras con el nombre de sus grupos y algunos
incluyeron leyendas o el nombre de la comunidad a la que les tocó
acudir. "La fe sin obras está muerta" y "Unidos por un pueblo, movidos
por Dios" se podía leer en las camisetas.
Gerardo Mendiburu Fernández, de Corazón Misionero, es la tercera vez
que participa en las misiones con el deseo de ayudar a los demás, pues
en las comunidades conviven con los habitantes, los apoyan en sus
actividades diarias y participan juntos en los oficios de los días
santos.
En su opinión, asistir a las misiones los ayuda a mejorar como personas
y los hace ser más responsables y comprometidos con sus acciones.
Algo similar siente Joany García González, de Valores Humanos y
Cristianos, quien también misiona por tercera ocasión. Por iniciativa
propia decidió participar y cuando conoció la experiencia quiso seguir
formando parte de las misiones, pues aportan cosas positivas a su vida.
En las comunidades, dijo, se dan cuenta de las necesidades de la gente y esto hace que valoren más lo que tienen.-
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