
Homilía en la Misa de Bendición de Óleos 2011
Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, hermanas y hermanos todos en el Señor Jesús.
Nos encontramos en esta Celebración Eucarística como Pueblo de Dios que peregrina en la Montaña, yo como su pastor le doy gracias al Creador que me permita un vez más, presidir esta concelebración en la que se consagra el Santo Crisma, se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos y se renuevan las promesas sacerdotales. Esta celebración es un signo de unidad entre el presbiterio con su pastor y es profundamente sacerdotal, ya que en ella conmemoramos el día en que Jesús confirió el don del sacerdocio a sus apóstoles, esta celebración no tendría sentido si el Señor, no hubiera querido instituir el sacerdocio ¡que grandes Misterios nos entregó el Señor!
Hermanos sacerdotes, una gran experiencia que vivo constantemente y que me ayuda a valorar el ministerio que Dios ha depositado sin merito mío, la tengo al visitar las comunidades de nuestra Diócesis, comunidades sencillas pero de una gran fe. Al estar en contacto con este pueblo humilde, tomo conciencia del carácter sacramental que nos distingue, por recibir el sacramento del Orden, que hace que nuestro ministerio sea único, necesario, insustituible, y que la presencia nuestra sea condición esencial de la vida de la Iglesia, así lo ha querido Jesús y así lo podemos experimentar constantemente cada uno de nosotros, al estar ejerciendo continuamente nuestro ministerio de discípulos misioneros del Señor. Por eso el ser y el actuar sacerdotal son realidades inseparables en la persona del sacerdote y se encuentran al servicio de Dios, de su Iglesia, y solamente desde la misma Iglesia se puede descubrir la razón de la necesidad de la acción sacerdotal.
Cada uno de nosotros hermanos sacerdotes somos hombres de fe, que al escuchar el llamado del Señor y recibir la gracia de Dios en el ministerio, se nos ha dado la fuerza para proclamar a Cristo y actuar en su nombre, para anunciar su Palabra, celebrar el sacramento, guiar en la caridad a la comunidad cristiana, gastando nuestra vida por Él con Él y para Él, siendo puentes entre Dios y la humanidad para que nuestros hermanos y hermanas lleguen al encuentro del Señor, por eso es muy importante que nuestra vida sacerdotal sea intachable, es decir coherente entre lo que predicamos y vivimos. Una exigencia del sacerdocio es mantener una actitud constante de querer crecer en la comunión con Dios y con nuestros hermanos y así poder superar todo tipo de problemas y dificultades.
Hoy nuevamente el Señor por medio de su Palabra nos recuerda que no estamos solos, estamos con "Él quien nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre”. (Ap 1,5-8). Hoy nos recuerda por medio de la liturgia de la Palabra, que al ser participes de su Misión "no estamos solos”. En la lectura tomada del libro del profeta Isaías escuchamos: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, y la libertad a los prisioneros; a pregonar el año de gracia del Señor” (Is 61, 1-2).
A estas palabras de Isaías se referirá el Señor Jesús en la sinagoga de Nazaret, al inicio de su misión mesiánica, como nos recuerda San Lucas, Jesús las leyó y, después, enrolló el volumen y lo devolvió al encargado, diciendo: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír” (cf. Lc 4, 16-21).
Hermanos sacerdotes este "hoy” que pronuncio el Señor, es un "hoy” que debe de cumplirse también en nuestra vida, cada uno de nosotros hemos recibido la unción del Espíritu, que nos vincula al Orden Sacerdotal, somos sus discípulos misioneros, el "hoy” para nosotros debe significar: fidelidad, entrega, generosidad, compromiso, solidaridad y mucho más, pero siempre unidos al Señor, no solamente de palabra sino con nuestros hechos.
Grande es el signo que nos convoca la Iglesia a vivir por medio de esta celebración, en que todos juntos como Iglesia peregrina en Tlapa, celebramos la institución de la Eucaristía y renovamos juntamente con el Pastor las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación, cuando recibimos la unción del Espíritu Santo, "hoy” pidiéndole al Señor, nos acompañe en nuestro ministerio para que siendo fieles a Él, quien nos llamó para estar con Él, sirvamos a su pueblo con fidelidad desgastando nuestra vida por la predicación del Reino.
Les deseo que Santa María de Guadalupe los bendiga y acompañe en su caminar.
+ Oscar Roberto Domínguez Couttolenc. M.G.
Obispo de Tlapa