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    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos


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    Inicio » 2011 » Marzo » 9 » Homilía episcopal en ocasión del inicio de la Cuaresma
    Homilía episcopal en ocasión del inicio de la Cuaresma
    10:03 AM
    El venerable Cabildo de esta S.I. Catedral:
    Estimado padre Roberto Cuéllar, Rector de este templo:
    Estimadas religiosas:
    Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

    Hoy empezamos la Cuaresma, es decir, empieza el ciclo pascual de la Iglesia. El centro es el misterio de la Pasión, la Muerte y la Resurrección del Señor: Cuarenta días de preparación y después cincuenta días de celebración de la Pascua salvadora de Jesucristo y de la presencia de su Espíritu en la Iglesia y en el mundo. Es el tiempo fuerte de la comunidad cristiana.
    El camino de Jesús hasta la muerte y la resurrección no es sólo motivo de admiración. Es El la cabeza de la Iglesia que llama a todo el mundo a seguirlo, a morir y a resucitar con El. Más aún. El es el Primogénito de toda creatura que, amando y dándose, ha rehecho el camino errado de Adán y ha abierto el camino de la vida para la humanidad entera, llamada a participar de su Pascua. Las comunidades cristianas nos preparamos otro año para celebrar el misterio de la vida nueva que Dios abre en Jesucristo a toda la humanidad, de todas partes y de todos los tiempos.
    Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.
    La Iglesia, en su lucha para "vencer al espíritu del mal” (colecta) nos propone dos miradas. Una es sobre el camino de Jesús, evocado el primer domingo con el relato de las tentaciones. Otra es sobre nuestro propio camino. La Cuaresma es una llamada constante a hacernos cargo de la distancia que hay entre el camino de Jesús, fiel, sencillo, amoroso, generoso hasta la muerte, y nuestra vida, la de la humanidad, la de las comunidades cristianas, la personal de cada uno. Es una llamada a reconocer nuestro pecado, no sólo a constatar el pecado de los demás, cosa a la que estamos tan habituados; es decir, reconocer nuestras limitaciones.
    La Cuaresma es una llamada a arrepentirnos y a convertirnos al Dios del Amor y el Perdón, que ha hecho su obra en Jesucristo. Es un tiempo favorable para la reconciliación (2° Lectura).
    La Iglesia nos propone los tres gestos tradicionales: la oración, el ayuno y la limosna. Son los signos de la conversión en los tres ámbitos de nuestra vida. La oración, momento tranquilo de nuestra comunión con Dios, para escuchar su Palabra y para expresar nuestra confianza, en un mundo que ignora la oración y parece olvidarse de Dios. El ayuno, esfuerzo de austeridad personal en la comida, en los gastos, en la ostentación exterior en un clima social tan inclinado a valorar la riqueza y la sensualidad. La limosna, signo de la generosidad hacia los demás, especialmente a los más necesitados.
    "En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con Él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna”. (Mensaje de S.S. Benedicto XVI para la Cuaresma 2011)
    La imposición de la ceniza es el signo característico de hoy. La ceniza simboliza todo el programa cuaresmal de la Iglesia. Es el reconocimiento de nuestro pecado y nuestra debilidad: "Acuérdate de que eres polvo…”. Es el signo de nuestro arrepentimiento y de nuestro camino de conversión renovado: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
    En síntesis, "el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo”. (Mensaje de S.S. Benedicto XVI para la Cuaresma 2011)
    Que María Santísima Madre de Jesucristo y Madre nuestra nos acompañe en el camino Cuaresmal hacia la Pascua gloriosa de su Hijo.

    + Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
    Arzobispo de Yucatán

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