
Monseñor Gerald C. Lacroix, quien a los 18 años de edad se consagró a Dios a través de un Instituto Secular, para luego, hace 23 años, convertirse en sacerdote y ser nombrado recientemente Arzobispo de Quebec, Canadá, dijo en una rueda de prensa ofrecida en el marco de la 23 Conferencia Mexicana de Institutos Seculares que inició ayer en Mérida, que "para la Iglesia Católica es una gran bendición tener miembros de los I. S., pues aportan a la reflexión, nos ayudan a tener un discurso y pistas de compromiso que realmente partan de la realidad y no de estrategias y planes y proyectos que no son apegados a la realidad. Es una gran bendición”.
Agregó que los miembros de los I. S. son personas comprometidas dentro de la realidad secular en pleno mundo, y tienen un punto de vista, escuchan y viven a diario la realidad que vive todo mundo, y si bien es verdad que también los clérigos y los religiosos viven en el mundo, lo hacen de otra manera, en tanto que compartir la vida cotidiana como lo hacen los miembros de los I. S. en el mundo laboral, en la vida profesional, da un punto de vista que es muy interesante y que ayuda a la Iglesia a entender y comprometerse mejor para hacer avanzar a los pueblos.
Lacroix, quien es miembro del Consejo Ejecutivo de la Conferencia Mexicana de Institutos Seculares, señaló que los de los I. S. son laicos metidos en el mundo, pero de manera muy discreta, no se notan, y como la sal, sólo nos damos cuenta de ella cuando falta en una sopa porque no sabe lo mismo. Así, todos los cristianos deben estar en medio del mundo, pero especialmente los miembros de los Institutos Seculares tienen esa gran misión de dar testimonio y ayudar a toda la humanidad a vivir valores de vida, respeto, fraternidad, solidaridad. Entonces por eso son una gran bendición para la Iglesia.
Recordó que el Señor dijo que los cristianos debemos ser luz del mundo, y por eso los miembros de los I. S. no deben estar escondidos, por eso los vemos brillar a través de sus compromisos en la sociedad y también dentro de la Iglesia, donde muchos miembros, además de su profesión, de su compromiso, a través de su trabajo en los medios sociales y comunitarios, son muy activos sirviendo a la misión de la Iglesia. "Directamente los vemos en la Evangelización, en la catequesis, en muchos lugares de servicio”.
Por otra parte, sobre la conferencia que impartió con el título de "La palabra de Dios en la Iglesia y la Vida Consagrada”, dijo que vino a compartir un tema muy interesante sobre la palabra de Dios, pero no iba a hablar de la palabra de Dios, sino más bien escogió "dejar hablar a la palabra de Dios. Que nos muestre el camino de la vida, para que nos muestre lo oportuno que es vivir nuestra vida cristiana en medio del mundo. Yo soy miembro de un Instituto Secular, pero nunca pensé ser sacerdote, inicié mi vida en el Instituto cuando tenía 18 años, y trabajé, era diseñador gráfico, trabajé en el mundo de la edición, también en los medios un poquito, y después de unos años sentí el llamado del Señor a ser sacerdote. Llevo 23 años como sacerdote, y en los dos últimos años y medio el Señor ha venido a tocar nuevamente a mi puerta. Doy gracias a Dios por esa experiencia, porque me ha formado como pastor de una manera diferente. Haber conocido el mundo del trabajo, como los demás, ser empleado, compartir con colegas, da otra visión de la vida de los laicos, y me ha hecho comprender un poco más. Para mí es una riqueza, doy gracias a Dios también porque en Canadá, mi país, tenemos más de 20 Institutos Seculares, de hombres y mujeres, muy comprometidos, lo que es una gran necesidad. Y vengo también a animar a los que vienen al Congreso. La Iglesia en estos tiempos que vivimos necesita testigos comprometidos. Que sean sal o luz, pero que sean verdaderamente cristianos”.