
El padre Jorge Oscar Herrera Vargas informó ayer que el próximo 12 de febrero tendrá lugar en la Iglesia de Fátima la Jornada por los Enfermos, evento anual correspondiente a la Jornada Mundial del Enfermo, y que se relaciona con la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, cuyo día de celebración es el 11.
Recordó que en el Santuario de Lourdes hay muchas curaciones milagrosas, por lo que el 13 de mayo de 1992 el Papa Juan Pablo II instituyó el día de la aparición de la Virgen como de la Jornada Mundial del Enfermo.
Asimismo ofreció el programa de la Jornada por los Enfermos en Fátima, que dará inicio a las 14:30 horas, cuando habrá una reunión en el atrio. A las 15 horas se rezará el Rosario con los misterios gloriosos, y a las 16 horas el Arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán oficiará la misa solemne, en la que se hará la imposición de los óleos a los enfermos.
El párroco de Chuburná y vocero de la Arquidiócesis dijo que por este motivo el Santo Padre Benedicto XVI envió un mensaje a todos los fieles expresando su cercanía espiritual a todos los enfermos que están hospitalizados o son atendidos por las familias, y expresó a cada uno la solicitud y afecto de toda la Iglesia.
Benedicto recordó que en la acogida generosa y afectuosa de cada vida humana, sobre todo la débil y enferma, el cristiano expresa un aspecto importante de su testimonio evangélico, pues al hacerlo está siguiendo el ejemplo de Cristo, quien se inclina ante los sufrimientos materiales y espirituales del hombre para curarlos.
Asimismo, Benedicto ha decretado que esta jornada mundial por el enfermo se centrará en la emblemática figura evangélica del samaritano, y recomendó poner el acento en los "sacramentos de curación”, es decir, en el sacramento de la penitencia y la reconciliación, y en el de la unción de los enfermos, que culminan de manera natural en la comunión eucarística.
Recuerda asimismo Benedicto que el encuentro de Jesús con los 10 leprosos, descrito en el Evangelio de San Lucas, y en particular las palabras que el Señor dirige a uno de ellos: "Levántate, tu fe te ha salvado”, ayudan a tomar conciencia de la importancia de la fe para quienes, agobiados por el sufrimiento y la enfermedad, se acercan al Señor. Y es en el encuentro con Él, donde pueden experimentar realmente que quien cree nunca está solo, porque en efecto, Dios por medio de su hijo no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo.
Además la fe de aquel leproso que, a diferencia de los otros, al verse sanado, vuelve a Jesús lleno de asombro y de alegría para manifestarle su reconocimiento, deja entrever que la salud recuperada es signo de algo más precioso que la simple curación física, es signo de la salvación que Dios nos da a través de Cristo, y que se expresa con las palabras de Jesús: tu fe te ha salvado. Esto es porque quien invoca al Señor en su sufrimiento y enfermedad, está seguro de que su amor no le abandona nunca, y de que el amor de la Iglesia, que continúa en el tiempo su obra de salvación, nunca le faltará.
En este punto, Herrera Vargas subrayó que la curación física, expresión de la salvación más profunda, revela así la importancia que el hombre, en su integridad de alma y cuerpo, tiene para el Señor.
Dijo que cada sacramento, en definitiva, expresa y actúa la proximidad de Dios mismo, el cual, de manera absolutamente gratuita, nos toca por medio de realidades materiales que Él toma a su servicio y convierte en instrumentos del encuentro entre nosotros y Él mismo. De tal manera, la unidad entre creación y redención se hace visible, y los sacramentos son expresión de la corporeidad de nuestra fe, que abraza cuerpo y alma, al hombre entero, porque si bien la tarea principal de la Iglesia es el anuncio del Reino de Dios, precisamente este anuncio debe de ser un proceso de curación, para curar los corazones desgarrados, según la misión que Jesús confió a sus discípulos. Así el binomio entre salud física y renovación del alma lacerada nos ayuda, pues, a comprender mejor los "sacramentos de curación”.
En el Evangelio se ve claramente cómo Jesús ha mostrado una particular predilección por los enfermos, ya que no sólo ha enviado a sus discípulos a curar las heridas (Mt 10,8; Lc 9 ,2; 10,9), sino que también ha instituido un sacramento específico: la unción de los enfermos, lo que atestigua la carta de Santiago, quien habla de la presencia de este gesto sacramental presente ya en la primera comunidad cristiana.
Y con la oración de los enfermos, acompañada de la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor, para que les alivie sus penas y los salve.
Finalmente, el párroco de Chuburná señaló que "en la unción de los enfermos, la materia sacramental del óleo se nos ofrece "como medicina de Dios, que nos da la certeza de su bondad, que nos debe fortalecer y consolar, pero que, al mismo tiempo, y más allá de la enfermedad, remite a la curación definitiva, a la resurrección”.