
El Señor Jesús escogió a una joven religiosa de Polonia, llamada María Faustina Kowalska, para ser su "secretaria", es decir, su apóstol de la Misericordia.
A través de Sor Faustina se ha transmitido al mundo entero el gran mensaje que, por mandato de Jesucristo y su consejero espiritual, escribió con el título de "La Divina Misericordia en mi alma", así como también registró, con fidelidad y sencillez, en su diario personal lo que Jesús le reveló y describió algunos encuentros significativos con Él.
En el año de 1931, en una visión, Sor María Faustina contempló a Jesús con una túnica blanca. Tenía la mano derecha levantada para bendecir; su mano izquierda tocaba la túnica sobre el corazón, del cual salían dos grandes rayos, uno rojo y otro pálido. Los dos rayos significan la sangre y el agua. El rayo pálido simboliza el agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la sangre, que es la vida de las almas.
"Ambos rayos", le reveló Jesús, "brotan de las entrañas más profundas de mi Misericordia Divina, cuando mi corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurados quienes vivan a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios". Se le solicitó que pintara una imagen, según el modelo que vio, y así lo hizo, acompañada de la inscripción: "Jesús, en ti confío". Entre las encomiendas principales de la Divina Misericordia reveladas a Santa Faustina se encuentra la petición de que la imagen sea venerada, primero en su capilla y luego en el mundo entero. Este encargo es el que tiene mayor importancia: "Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de Pascua de Resurrección. Ese domingo es la fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado, doy a conocer el abismo de Mi Misericordia" (Diario, 88).
En su diario personal, por inspiración divina, Santa Faustina escribió: "Deseo que la fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas, especialmente para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi Misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al maniantal de Mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la sagrada comunión obtendrá el perdón de todas las culpas y las penas, la indulgencia plenaria". María Faustina, extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos, los cuales ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, siguió muy de cerca el ejemplo de Jesucristo. Joven de edad, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente a Cristo, murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, a los 33 años. Debido a los dones y los milagros alcanzados por su intercesión, la fama de santidad de su vida iba creciendo, junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia.
La confianza en el amor de Dios es el centro del mensaje de la Divina Misericordia. El perdón del Señor no tiene límites y su misericordia es más grande que nuestra miseria y nuestros pecados. Él nos ha creado y comprende bien lo que nos pasa, así como comprende nuestros errores. Se puede decir que los seres humanos, débiles y pecadores, demostramos nuestra confianza en Dios a través de la participación humilde y confiada en el sacramento de la Reconciliación y de la Sagrada Eucaristía, que nos ofrece el mismo Jesús por medio de sus ministros.
La misericordia de Dios es refugio y amparo para todos y, especialmente, cuando nos reconocemos pecadores. Cuanto más grande es el pecado de una persona, tanto más grande es el derecho que tiene a la misericordia de Dios, y tal amor y bondad de parte de Dios invita a todas las almas a confiar en Jesucristo.
Acerquémonos al Señor de la Divina Misericordia con gran confianza y oremos con el corazón; presentemos nuestras necesidades, supliquemos el perdón de nuestros pecados y, sobre todo, pidamos por las necesidades de nuestra familia.