El Evangelio del segundo domingo de Cuaresma nos presenta la escena deslumbrante de la transfiguración de Cristo Jesús, cuando "su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve”, al tiempo que se aparecen Moisés y Elías, personajes importantes en la historia de Israel, y que dialogan con Jesús acerca de la pasión y muerte que sufrirá en Jerusalén. Una voz venida del cielo dice: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.
Es muy pedagógico observar esta escena desde la vivencia de Simón Pedro, uno de los testigos de la misma. Días antes de la transfiguración del Señor, hubo otros hechos que provocaron desconcierto en Simón Pedro: Jesús había preguntado a los discípulos qué decía la gente acerca de Él, luego preguntó a ellos su propio parecer; Simón Pedro lo reconoció como "el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, motivo por el que fue claramente felicitado por Jesús, colocándolo como jefe del grupo; sin embargo, cuando en seguida Jesús les anuncia que Él tenía que ir a Jerusalén, sufrir mucho y que lo matarían, Simón Pedro quiso corregirlo por esos pensamientos y entonces Simón Pedro fue duramente reprobado por Jesús. Esa felicitación y luego rechazo que Jesús hace respecto de Simón Pedro, debieron haber dejado muy confundido al discípulo y apóstol: Simón Pedro creía haber llegado a comprender plenamente quién era Jesús, pero luego no capta aspectos centrales que Jesús revela y anuncia. Tal vez Simón Pedro llegó a pensar que Jesús lo destituiría del lugar en que lo había puesto frente al grupo. Cuando Jesús invita a tres de los discípulos que lo acompañen, Simón Pedro debió sentir alivio y gozo por ser uno de los elegidos. Y ahí tenemos en la escena de la transfiguración del Señor, nuevamente a Simón Pedro como primario y apasionado que es, exclamando con vivacidad: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí¡ Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Como en el caso de Simón Pedro, Jesús también nos fascina y nos desconcierta, no acabamos de comprenderlo plenamente.
Nos podemos preguntar el significado de la transfiguración de Jesús: Es un destello de su gloria, de su condición de Hijo de Dios; que sus discípulos lo escuchen y lo sigan, superando, cuando llegue, el escándalo de la cruz, porque ésta no será el final de todo sino paso a la resurrección.
A veces podemos sentirnos abatidos por el sufrimiento, inseguros y temerosos por la violencia, angustiados por el desempleo y la miseria, cansados y agobiados por tantos problemas. Vemos rostros afligidos, corazones desesperados. ¡Cuánto reconforta y produce gozo el contemplar a Jesucristo transfigurado! Para escucharlo y seguirlo, porque "la pasión es el camino de la resurrección”.
Decidirnos por Cristo nos hace entrar en el espíritu de la Cuaresma. Participar en la Cuaresma trae consigo la experiencia de la transfiguración del Señor, que nos renueva y sostiene para seguir a Jesús y unirnos a Él en su cruz y en su resurrección.
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