 CIRCULAR 017/2011 ASUNTO: Mensaje con motivo de la Navidad 2011
A todos los fieles de la Arquidiócesis de Yucatán
Queridos hermanos:
Después de alimentar durante el Adviento nuestra esperanza en la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, nos disponemos a celebrar en esta Navidad el acontecimiento que marcó de una manera definitiva la relación de Dios con la humanidad: la primera venida de Jesús, que es la presencia misma de "Dios con nosotros”.
La Navidad es el acontecimiento histórico y el misterio de amor que desde hace más de dos mil años interpela a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Es la noche santa en la que brilla la "gran luz” de Cristo portadora de paz.
La liturgia de la Navidad nos orienta, con la simbología de la luz, al significado profundo del acontecimiento histórico que celebramos. El profeta Isaías nos dice que "el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is 9,1). Por su parte el evangelio de san Lucas relata cómo la gloria de Dios se apareció a los pastores y "los envolvió en su luz” (Lc 2, 9). Ambos autores sagrados nos muestran que donde se manifiesta la gloria de Dios, se difunde en el mundo la luz. La luz es fuente de vida.
Luz significa conocimiento, verdad, en contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. Así, la luz nos hace vivir, nos indica el camino. Además, en cuanto da calor, la luz significa también amor. Donde hay amor, surge una luz en el mundo; donde hay odio, el mundo queda en la oscuridad. En el establo de Belén aparece la gran luz que el mundo espera. En el Niño acostado en el pesebre Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da a sí mismo como don y se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado hombres y mujeres a lo largo de los siglos, los ha envuelto en su luz. Donde ha brotado la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y los que sufren, la gracia del perdón. Desde Belén una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos. Si nos fijamos en los santos –desde san Pablo y san Agustín, san Francisco de Asís, san Vicente de Paul y la Madre Teresa de Calcuta–, vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Belén, en el Dios que se ha hecho Niño. Contra la violencia de este mundo Dios opone, en este Niño, su bondad, y nos llama a seguirlo.
La navidad es la celebración gozosa del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que se ha hecho hombre para mostrarnos el rostro de Dios. La navidad es luz y paz para todo aquel que esté abierto al amor de Dios. Las luces que iluminan nuestros templos, nuestras calles y nuestras plazas deberían recordarnos que este nacimiento es luz para guiar nuestro camino. La paz que tanto deseamos no la podremos alcanzar con el ruido de las armas porque es obra de Dios que transforma los corazones desde dentro y que nos lleva a un compromiso efectivo a favor de la vida, la verdad, el amor, la justicia y la paz.
Al llegar al final de este año en el que hemos visto, una vez más, el incremento de la violencia y hemos escuchado el clamor por la paz debemos recordar que la paz que necesitamos comienza con la apertura personal al don de Dios y pasa por cada uno de nuestros hogares. Cuando las familias cristianas se hagan más conscientes de que están llamadas a ser formadoras de personas, santuarios de la vida e iglesias domésticas, la delincuencia que tanto daño nos causa tendrá menos candidatos para engrosar las filas de sus organizaciones.
Por eso, al celebrar la Navidad 2011 elevamos a Dios nuestra plegaria: Realiza tu promesa, Señor, en nosotros, en nuestras familias y en la sociedad. Haz que donde hay discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que surja la luz donde dominan las tinieblas. Haz que, caminando guiados por tu Luz, seamos portadores de tu Paz.
¡Que el Señor les conceda la más grande felicidad en esta navidad!
Mérida, Yucatán, 24 de diciembre de 2011.
† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán † José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxiliar
Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
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