 CIRCULAR No. 22 ASUNTO: Mensaje episcopal con motivo del Día del Adulto Mayor LA PRESENCIA DE LOS ADULTOS MAYORES ES UN DON A todos los fieles de la Arquidiócesis de Yucatán Queridos hermanos y hermanas: Los avances de la ciencia, y los correspondientes progresos de la medicina, han contribuido, en los últimos decenios, a prolongar la duración media de la vida humana, de tal manera que la llamada "tercera edad” abarca una parte considerable de la población mundial, en contraste con la drástica disminución de la tasa de natalidad. Más allá de los datos demográficos, esta situación plantea retos de orden social, económico, cultural, psicológico y espiritual cuyo alcance es objeto de una esmerada atención por parte de diversas instituciones y del cual la Iglesia no puede mantenerse ajena porque tiene una buena noticia que ofrecer. La presencia de los adultos mayores en el mundo contemporáneo es un don, una riqueza humana y espiritual que puede ayudar al hombre actual a recuperar el sentido de la vida, que va mucho más allá de los significados que le atribuyen el mercado y la mentalidad reinante. Para esto es necesario situar la tercera edad en el marco del designio de Dios que es amor, valorándola como una etapa del camino por el cual Cristo nos conduce a la casa del padre (cf. Jn 14,2). Sólo a la luz de la fe y firmes en la esperanza (cf. Rom 5,5), seremos capaces de verla como don y como tarea, de manera verdaderamente cristiana. Es deber nuestro, como Iglesia, anunciar a los adultos mayores la buena noticia de Jesús que se revela a ellos como se reveló a Simeón y a Ana, los anima con su presencia y los hace gozar interiormente por el cumplimiento de las esperanzas y promesas que ellos han sabido mantener vivas en sus corazones (cf. Lc 2, 25-38). Es deber nuestro ofrecerles la posibilidad del encuentro personal con Cristo, ayudándoles a redescubrir el significado de su propio Bautismo, por medio del cual han sido llamados a una vida nueva (cf Rm 6,4), para encontrar el sentido de su propio presente y futuro. En este día 28 de agosto queremos recordar a nuestros queridos adultos mayores que ellos tienen la hermosa tarea de transmitir a las generaciones jóvenes el Evangelio de Cristo, manifestando a todos el misterio de su presencia constante en la entre nosotros; queremos animarles a asumir la espiritualidad de ese continuo renacer que Jesús mismo indica al anciano Nicodemo, a quien invita a no dejarse detener por la vejez y a renacer, en el Espíritu, a una vida siempre nueva, llena de esperanza ( cf. Jn 3, 5). Queremos recordar a las instituciones destinadas a la atención de la tercera edad, que están llamadas a abrir a los adultos mayores espacios adecuados de formación y de participación, y a garantizar formas de asistencia social y sanitaria adecuadas, que respondan a la necesidad de la persona humana de vivir con dignidad todas las etapas de su vida. Animamos a las comunidades cristianas a hacer todo lo posible por ayudar a los adultos mayores a vivir su situación a la luz de la fe y a redescubrir por sí mismos el valor de los recursos que todavía están en condiciones de poner al servicio de los demás. Finalmente, exhortamos a todas las familias a reconocer el lugar respetable que se merecen los adultos mayores en medio de ellas, y el deber que tienen de proveer a la asistencia de sus miembros más débiles. Los animamos a fomentar el dialogo inter generacional entre abuelos, padres, hijos y nietos, en un ambiente de respeto y de cariño. Con mucha razón escribía el Papa Juan Pablo II, en referencia al mandamiento de honrar al padre y a la madre: "Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos saben que no corren peligro de ser considerados un peso inútil y embarazoso” (Carta a los ancianos, n. 11, 1999). Mérida, Yucatán, 28 de agosto de 2010. +Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán +José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxiliar Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
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