El padre Fernando Sacramento Ávila dirigió el siguiente mensaje al clero reunido en la reciente asamblea del clero llevada al cabo en agosto en el Instituto Deportivo Cumbres,: “Este presbiterio, quien, como un solo pastor con nuestro Arzobispo y su Obispo Auxiliar, hacemos la presencia de Cristo, Buen Pastor, en la Iglesia de Yucatán, se encuentra el Año Pastoral 2009-2010.
“La visión global, de conjunto, de esta Iglesia arquidiocesana, con sus problemas y dificultades, pero también con sus potencialidades y fuerzas, se nos presenta como un reto, un desafío a mostrar nuestro compromiso sacerdotal, una fidelidad como la de Cristo, para hacer de esta comunidad diocesana la porción del Pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo, la familia de los hijos de Dios, que Él quiere que seamos.
“a) ¿El ideal? Un pueblo que vive de la fe: seguro de la presencia y acción histórica de su Espíritu en medio de él, dándole vida y fortaleza, impulsando y animando la acción, invitándolo a responder a su amor. Un pueblo que vive de la esperanza: seguro de la verdad de su Palabra, de sus promesas, con la esperanza activa del que construye, profundiza, busca entusiasmado y sin descanso lo que sabe que llenará su vida y le dará plenitud.
“Un pueblo que vive de la caridad: presente y actuante en medio de él, por el amor divino, el Espíritu que promueve la diversidad y la multiplicidad y convoca a la articulación y a la unidad.
“Pero, ¿qué somos hoy?: Un Pueblo del que muchos bautizados no se consideran parte, no se sienten pertenecer.
“Un pueblo desorientado por diversas corrientes de pensamiento religioso, filosófico, ideológico, científico, etcétera… y dudoso ante la pregunta ¿dónde está la verdad? “Un pueblo poco instruido, desconocedor en muchos casos de la Sagrada Escritura, del Magisterio de la Iglesia, incluso del kerigma original que lo constituye.
“Un pueblo formado tradicionalmente por muchos bautizados que aún no experimenta un encuentro personal con Jesucristo, que no se ha convertido a Él y, por tanto, no se sienten sus discípulos… “Un pueblo en muchos casos dividido y confrontado, por motivos económicos, culturales, políticos, religiosos incluso. “Un pueblo enfrascado de tal manera en la agobiante y desesperante realidad social que se muestra indiferente ante la propuesta de caminar juntos, de hacer comunidad, de vivir la caridad.
“¿Cómo ser el Buen Pastor para ese pueblo? ¿Cómo asumir como presbiterio este reto? ¿Qué significa para cada uno de nosotros? “b) El proceso. Naturalmente, el punto de partida tendrá que ser la toma de conciencia y aceptación, asunción, identificación: de lo que somos, de nuestra propia identidad como sacerdotes y como presbiterio, del ideal que pretendemos conseguir, y de la realidad de la que estamos partiendo.
“¿Para qué? Para reconocer nuestra identidad; aceptar nuestra responsabilidad (corresponsabilidad sobre el todo, sobre el conjunto de la acción eclesial); asumir nuestro compromiso; entusiasmarnos con él; conocer los criterios y las líneas de la acción conjunta; aceptarlos, adecuarlos respetándolos, poniendo el esfuerzo, entregando la vida, y realizando la acción que a cada uno le corresponde. Esto significa una 'conversión pastoral del presbiterio'. Si toda 'conversión humana' exige un proceso, pasos progresivos desde el punto de partida al ideal, la conversión del presbiterio tendrá que tener sus 'pasos', sus 'momentos'.
“Este Año Sacerdotal es una gracia, un 'kairós', el momento oportuno para recorrer este proceso que consiga, fortalezca y exprese más auténticamente nuestra fidelidad sacerdotal, conforme a la fidelidad de Cristo.
“Ahora bien, la conversión del presbiterio supone y exige necesariamente la conversión de sus miembros, de cada presbítero y diácono y, con todo respeto, creemos que implica, en cierta forma, a nuestros obispos. “Por otra parte, como toda acción humana, tiene el ritmo y la forma, los momentos y las fuerzas propias de cada ser humano.
“En el concierto comunitario del Presbiterio habremos de aprender la comprensión y la paciencia, la aceptación de lo que cada uno aporte según sus posibilidades.
“Sin embargo, es necesario señalar criterios, líneas y pasos, momentos fuertes; una dinámica que posibilite y articule los esfuerzos de conversión comunitaria.
“El programa del Año Pastoral 2009-2010, con sus siete campañas, nos ofrece los pasos para realizar en dos procesos a los que llamaremos 'estructuración' y 'animación'.
“Ambos procesos se entrelazan en las campañas y, con una visión global, van realizando en cada acción, en los diferentes espacios, grupos y momentos, el objetivo del año”.
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