 OFICIO 041/2011 ASUNTO: Mensaje episcopal con motivo de la Cuaresma 2011. La Palabra de Dios nos invita a vivir reconciliados Queridos hermanos y hermanas: Con el rito de la imposición de la Ceniza inicia el tiempo de la Cuaresma, durante el cual la liturgia renueva en los creyentes la llamada a una conversión radical, confiando en la misericordia divina. La Cuaresma, tiempo" fuerte" de oración, ayuno y atención a los necesitados, ofrece a todo cristiano la posibilidad de prepararse a la Pascua haciendo un serio discernimiento de la propia vida, confrontándose de manera especial con la Palabra de Dios, que ilumina el itinerario cotidiano de los creyentes. El Papa Benedicto XVI ha comprendido muy bien la importancia de esta verdad y nos invita a profundizar en todas sus implicaciones en su mensaje cuaresmal para el presente año: "La Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él” (Mensaje para la Cuaresma 2011, n.2). Durante todo el período cuaresmal la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. La lectura, la meditación y la oración para llevarla a nuestra vida es el medio más accesible para animar el camino de fe que iniciamos en el día de nuestro Bautismo. En la oración encontramos, tiempo para Dios, para conocer que "sus palabras no pasarán” (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que "nadie podrá quitarnos” (cf. Jn 16, 22) Y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, con la ayuda de la oración adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa aprendemos a apartar la mirada de nuestro "yo”, para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. En nuestro camino también nos encontrarnos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que pretende sustituir el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. La cuaresma de este año tiene un significado muy especial en la Arquidiócesis de Yucatán porque coincide con un trecho de nuestro itinerario hacia el ideal de comunión que nos hemos trazado en el Plan Diocesano de Pastoral, un período al que hemos denominado "Camino a Ichmul”, y que puede definirse como una llamada a la reconciliación permanente. El Camino a Ichmul es un itinerario espiritual que incluye varias acciones, reuniones y celebraciones: la "quema del guano” (para obtener el signo penitencial de la ceniza) en el contexto de una celebración penitencial en los centros pastorales de cada parroquia; la celebración del miércoles de ceniza, los "viacrucis” comunitarios durante todos los viernes de cuaresma, los retiros espirituales y pláticas cuaresmales, y, de manera especial, la celebración del sacramento de la reconciliación. En todos estos momentos se nos ofrece la oportunidad del encuentro personal con Dios y con los hermanos para fortalecer nuestra vida comunitaria a través de la reconciliación y la paz. Este camino espiritual tiene un punto de referencia especial en la peregrinación penitencial al pueblo de Ichmul, el sábado 2 de abril, que será como una antesala que nos disponga para entrar reconciliados a la celebración de la Pascua y así podamos renovar nuestra comunión con Dios y con el prójimo. Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal Jesucristo y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva vivir en un proceso permanente de reconciliación. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en nuestro bautismo para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Encomendarnos nuestro itinerario a la Virgen María, para participar como ella en la muerte resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna. Mérida, Yucatán, 8 de marzo de 2011. † Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán † José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxiliar Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
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