CIRCULAR 004/2012

ASUNTO: Mensaje episcopal con motivo de la Cuaresma 2012
"Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Hb 10, 24)
Queridos hermanos:
Con el rito penitencial de la imposición de la ceniza iniciamos la cuaresma, un camino de cuarenta días en el que la Iglesia nos invita y nos ayuda a disponer el corazón para que, al llegar la celebración de la Pascua, podamos participar con mayor intensidad de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Por medio del bautismo, que vamos a renovar en la noche santa de Pascua, participamos ya del misterio pascual. Pero podemos ir creciendo en la vivencia y experiencia profunda de la muerte y resurrección de Jesús en un proceso decisivo que, para cada cristiano, se realiza en tres tiempos: morir al pecado, celebrar con Cristo el nacimiento a la nueva vida, y vivir con nueva energía y entusiasmo. La cuaresma se ubica al inicio de este proceso porque, a través de la escucha de palabra de Dios y de diversas prácticas penitenciales, -como el ayuno, la oración y la limosna- nos entrena en el paso de la muerte a la vida, cuyo signo eminente de autenticidad es el amor.
En su acostumbrado mensaje cuaresmal, Su Santidad el Papa Benedicto XVI nos invita este año a reflexionar sobre "el corazón de la vida cristiana: la caridad”. Nos recuerda que "este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario". Señala que este itinerario debe estar marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual. El mensaje del Papa contribuye a tener vivo en los fieles el sentido de la atención al bien del prójimo, de la comunión, del interés, de la compasión y de la atención a los que sufren. Pero este año pone de relieve otro aspecto de la vida cristiana: "la corrección fraterna”.
La caridad nos enseña que nuestra responsabilidad hacia los demás no se centra sólo en su bien material, sino también en el moral y espiritual. Por eso el Papa considera que los cristianos no podemos callar que una determinada ideología que ha exaltado los derechos del individuo pueda desembocar en el aislamiento y la soledad de las personas. Cuando, en nombre del individualismo, se niega la llamada a la comunión, nuestra humanidad sale perjudicada, engañada por el espejismo de una felicidad imposible, obtenida en soledad. Por eso, podemos ayudarnos recíprocamente descubriendo que somos responsables los unos de los otros.
A la luz de la corrección encaminada hacia la verdad y la caridad se puede ver la acción de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Aunque a veces se malinterpreta su postura ante algunas manifestaciones de la cultura actual, lo que mueve a la Iglesia es su interés por el bien de la persona en concreto y del mundo. Su acción no se inspira en la condena ni en la recriminación, sino en la justicia y la misericordia que tienen el valor de llamar a las cosas por su nombre. Sólo así se iluminan las raíces del mal que no dejan de fascinar también a las mentes del mundo contemporáneo. Esta tarea se llama misión profética. Pero sería demasiado poco que la dimensión profética de la misión de la Iglesia se limitase a los fenómenos externos sin apuntar a las raíces morales de las injusticias. La corrupción, la acumulación de dinero, la violencia, el vivir a espaldas de la colectividad sin aportar nada son auténticos cánceres que socavan la sociedad desde el interior. La Iglesia es profética cuando denuncia este pecado que perjudica a la persona y a la sociedad. El Santo Padre da un paso más adelante en esta dirección cuando nos dice que "la Iglesia se hace profeta en el mundo de hoy para denunciar en particular la ausencia de Dios”. Hay una pobreza mucho más nociva que la falta de bienes materiales: el rechazo y la exclusión total de Dios de la vida social y económica; la rebeldía contra las leyes divinas y contra las de la naturaleza. En este contexto la primera responsabilidad de la Iglesia es recordar a cada generación el lugar fundamental de la dimensión espiritual.
El Mensaje papal quiere sacudir las conciencias sobre los derechos y deberes de todos los hombres, pero también respecto a nuestros deberes con los "derechos” de Dios. Y todo esto debe ocurrir en el contexto de la comunión cristiana en la que rige el principio de la reciprocidad y de la corrección fraterna, preocupándonos por el bien temporal de los seres humanos, pero también por su salvación eterna.
En nuestro país, la cuaresma del año 2012 coincide con el llamado período de "silencio” del calendario electoral y ofrece a todos los fieles y a las personas de buena voluntad la oportunidad de revisar las diversas propuestas y acciones a la luz de los valores fundamentales de la justicia y la misericordia para llamar a cada cosa por su nombre.
En la Iglesia de Yucatán, la cuaresma estará incluido en el tiempo del VI Congreso eucarístico Diocesano, el cual, desde el 11 de febrero hasta el 5 de mayo del presente año, nos estará invitando al encuentro personal y comunitario con Jesucristo, para estar con él, aprender de él e identificarse con él, ofreciendo la vida entera en oblación de amor como él de tal manera que, en la vivencia del amor y el servicio, seamos fermento de du reino en el mundo.
Que el Señor nos conceda recorrer el camino cuaresmal con el fomento especial de la caridad fraterna, alimentados con el sacramento de la eucaristía, que es vínculo de comunión fraterna para que así, al llegar la pascua, estemos dispuestos a vivir una renovación interior como hijos de Dios y hermanos de los hombres.