 CIRCULAR No. 21/09 Mensaje episcopal con motivo de la Navidad
La Navidad es la presencia de Dios con Nosotros
Queridos hermanos y hermanas:
Estamos en las vísperas de celebrar uno de los acontecimientos más grandes de nuestra fe: "El nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios” y hoy, al igual que hace casi dos mil años, estamos invitados a hacer nuestro el anuncio del ángel a los pastores: «No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11). Esta noticia es la que hace que nuestros corazones se regocijen y se llenen de esperanza. Es en medio de la noche en donde resuena está Buena Nueva que disipa todo temor: "Dios está con nosotros”.
Celebremos con alegría el misterio de la Navidad, este gran acontecimiento histórico y misterio de amor, que desde hace más de dos mil años interpela a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Alegremos en este día santo en el que brilla la «gran luz», Jesucristo, que nos trae la paz.
Esta noticia que nos llena de alegría debe ser compartida, debe llegar a todos los hombres y mujeres, de manera especial a aquellas personas cuyos corazones han sido invadidos por sentimientos de amargura o desamor. Hoy es el momento propicio para hacer cercano el amor de Dios a todos los hombres. Ya el Papa Benedicto XVI, en su homilía de la Navidad del 2007 nos decía que «En cierto modo, la humanidad espera a Dios, su cercanía. Pero cuando llega el momento, no tiene sitio para Él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más llenan todo de sí mismos y menos puede entrar el otro». Estamos invitados a vaciarnos de nosotros mismos para darle lugar a Dios. Solamente llenándonos de Dios podemos encontrar la alegría verdadera, esa que nos hace vivir en plenitud nuestra vocación en el lugar donde nos encontremos.
Dispongamos a acoger al Emmanuel, al Dios-con-nosotros que viene a salvarnos y nos hace capaces de ser presencia de Dios para con los demás, que nos hace ser signo de tolerancia, de solidaridad y de justicia en medio de las adversidades cotidianas y de los problemas de nuestra sociedad.
«Alegrémonos todos en le Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del Cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera» (Antífona de entrada de la Misa de medianoche de Navidad). Dejemos, hermanos y hermanas, que la alegría de celebrar al Señor que viene a salvarnos se difunda por todas partes, que entre a nuestros corazones y transforme nuestros hogares.
Que el nacimiento del Hijo de Dios, llene de esperanza y paz sus hogares. Que el Señor, que hace resplandecer en Cristo su rostro de misericordia, les colme de felicidad y les haga mensajeros de su bondad. ¡Feliz Navidad!
Mérida, Yucatán, 23 de diciembre de 2009.
+Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán
+José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxiliar
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