 CIRCULAR 006/2010 ASUNTO: Mensaje episcopal con motivo de la cuaresma LA CUARESMA: UNA OCASIÓN PARA EJERCITARSE EN LA CARIDAD Queridos hermanos: El miércoles de ceniza iniciamos un camino de cuarenta días de intensa preparación para celebrar la fiesta más importante del cristianismo: la Pascua de Resurrección. El tiempo litúrgico de la cuaresma nos ofrece la oportunidad disponernos interiormente para renovar en cada uno de nosotros el misterio pascual, del cual participamos desde el día de nuestro bautismo. En estos días cuaresmales, iluminados por la Palabra de Dios, tenemos la oportunidad de ejercitarnos en la pedagogía bautismal que producirá en nosotros una transformación integral y profunda, que da muerte del hombre viejo y produce el renacer de un hombre nuevo. Así, a través de la escucha de la Palabra de Dios y con el ejercicio de las prácticas de piedad, nos iremos renovando interiormente para morir con Cristo y resucitar con él. La contemplación de Cristo, que se dirige resueltamente al Calvario, ilumina nuestro espíritu y nos hace comprender a profundidad su invitación: "El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga” (Lc 9,23). La cuaresma es también una llamada fuerte a la conversión, una invitación a vivir conforme a las enseñanzas de Cristo, de tal manera que, Iluminados por sus palabras, podemos abrirnos al amor de Dios y al compromiso con nuestros hermanos. Como ha dicho el papa Benedicto XVI en su mensaje para la cuaresma del 2010: "Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad”. El Concilio Vaticano II nos ha dicho que "la penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social” (SC 110). El ejercicio de las prácticas penitenciales debe repercutir y reflejarse en la ayuda de los demás, de tal manera que las renuncias que hacemos en estos días cuaresmales cobran un mejor sentido cuando las orientamos a socorrer a los que padecen necesidades. Siendo la cuaresma un tiempo fuerte de oración, penitencia y ayuno, es también una ocasión para ejercitarse en la caridad; es una oportunidad de hacer nuestras las palabras que Dios dirige a su pueblo por medio del profeta Isaías: "El ayuno que yo quiero es este -dice el Señor-: partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo. Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y el te dirá: Aquí estoy” (Is 58,6.7.9). La práctica fiel de la penitencia cuaresmal facilita, además, una disposición interior para escuchar a Cristo y nutrirse de su palabra de salvación, cuyo fruto más importante en el cristiano es el amor. En este sentido podemos entender las palabras del papa Benedicto XVI en su mensaje cuaresmal, cuando dice que "gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia ‘más grande’, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar”. Y también subraya que "precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor”. Queridos hermanos, el camino cuaresmal nos invita a un cambio radical en nuestras vidas: que nuestra mentalidad mundana se convierta en mentalidad cristiana; que nuestros caminos de pecado se conviertan en caminos de la gracia, de una vida según el Espíritu; que donde reinaba el egoísmo, cerrando las puertas a Dios y al prójimo, se inaugure una apertura de docilidad para con Dios y de amor práctico con el prójimo. La invitación a profundizar en el sentido de la cuaresma la escuchamos a través del profeta Joel en la primera lectura de la misa del miércoles de ceniza: "Conviértanse a mí de todo corazón… enluten su corazón y no sus vestidos” (Jl 2, 12). Mérida, Yucatán, 16 de febrero de 2010. + Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán +José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxilia Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
|