Circular 001/2011 "Una sola familia humana” Mensaje episcopal con motivo de la 97ª Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado Queridos hermanos y hermanas en Cristo: La Iglesia Católica celebra el próximo domingo 16 de enero la "97ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado”, con el propósito de ofrecer a todos la oportunidad de reflexionar sobre el creciente fenómeno de la emigración, de orar para que los corazones se abran a la acogida cristiana y de trabajar para que crezcan en el mundo la justicia y la caridad. El lema elegido por el Papa Benedicto XVI en su mensaje para esta jornada es "Una sola familia humana”. En él hace especial mención a los emigrantes forzosos y los refugiados, y señala que "se les debe ayudar a encontrar un lugar donde puedan vivir en paz y seguridad, donde puedan trabajar y asumir los derechos y deberes existentes en el país que los acoge”. El argumento central del mensaje papal es la llamada a recuperar la conciencia del vínculo común que nos une a todos los humanos por el simple hecho de ser hombres. Asumida y vivida responsablemente, esta conciencia alimenta una vida de comunión y de compartir con todos, de modo especial con los emigrantes; sostiene la entrega de sí mismo a los demás, a su bien, al bien de todos, en la comunidad política local, nacional y mundial."El camino es el mismo, el de la vida, pero las situaciones que atravesamos en ese recorrido son distintas: muchos deben afrontar la difícil experiencia de la emigración, en sus diferentes expresiones”. La Iglesia no cesa de recordar que el sentido profundo la migración y su criterio ético fundamental vienen dados precisamente por la unidad de la familia humana y su desarrollo en el bien (Caritas in Veritate, 42). Esto significa que todos, tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Este es el fundamento de la solidaridad y el compartir. Contrasta, sin embargo, con este cuadro ideal la dura realidad, agravada por la crisis económica y no siempre favorecida por las leyes, que afectan a los emigrantes y refugiados. Surgen el miedo al extraño, el rechazo a la hospitalidad. En este contexto, el Papa nos recuerda la necesidad de rescatar la centralidad de la persona humana y de su dignidad, con sus correspondientes e inalienables derechos y deberes. La lectura del mensaje papal en el contexto nacional nos invita a dirigir nuestra mirada solidaria hacia los emigrantes connacionales que están enfrentando grandes obstáculos en el vecino país del norte, y a elevar nuestra plegaria por ellos. Pero también es una llamada de atención para no olvidar que vivimos en un país de paso, y que por nuestros caminos transitan todos los días miles de migrantes procedentes de los pueblos hermanos de Centro y Sur América, en condiciones de extrema vulnerabilidad, inermes ante la creciente amenaza del crimen organizado. En este contexto, y a la luz del mensaje evangélico, consideramos urgente pedir a las autoridades competentes que garanticen el respeto a los derechos humanos de todos los migrantes en su paso por territorio mexicano, así como la protección y respeto a las personas defensoras de derechos humanos, que ofrecen ayuda humanitaria en los albergues, casas y comunidades de paso de los migrantes centroamericanos en México, para que continúen trabajando en un ambiente de seguridad, libertad y respeto. Para nosotros, los miembros de la Iglesia, el fenómeno de la migración constituye un signo elocuente de nuestro tiempo, que evidencia aún más la vocación de la humanidad a formar una sola familia y, al mismo tiempo, las dificultades que, en lugar de unirla, la dividen y la laceran. Atendiendo al llamado del Papa Benedicto XVI, fortalezcamos la esperanza y oremos juntos a Dios, Padre de todos, para que nos ayude a ser, a cada uno en primera persona, hombres y mujeres capaces de relaciones fraternas; y para que, en el ámbito social, político e institucional, crezcan la comprensión y la estima recíproca entre los pueblos y las culturas. Que Nuestro Señor Jesucristo, que "pasó haciendo el bien y sanando a todos” (Hech 10, 38), bendiga abundantemente a todos los emigrantes, los refugiados y a las personas que trabajan para que sus derechos humanos sean respetados. Mérida, Yucatán, 14 de enero de 2011. † Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán † José Rafael Palma Capetillo Obispo Auxiliar Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
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