
Con un llamado a ser guadalupanos los 365 días del año, miles de fieles católicos dieron las mañanitas a la Virgen de Guadalupe en el Santuario Mariano de San Cristóbal / En los primeros minutos de hoy ofició una misa el Obispo Auxiliar de Yucatán, Monseñor Rafael Palma Capetillo
Con un llamado a ser guadalupanos los 365 días del año, miles de fieles católicos dieron las mañanitas a la Virgen de Guadalupe en el Santuario Mariano de San Cristóbal, donde en los primeros minutos de hoy ofició una misa el obispo auxiliar de Yucatán, monseñor Rafael Palma Capetillo.
"Necesitamos orar a Dios para siempre propiciar este encuentro con él y ser verdaderos discípulos, atentos a la palabra de Dios y ponerla en práctica, que el milagro del Tepeyac y la actitud piadosa de la Virgen de Guadalupe llegue como un mensaje, profundo al corazón”, dijo el obispo.
"Supliquemos al Señor para que nuestra Patria tenga más paz y seguridad, que haya más caminos de justicia y paz, apoyémonos los unos a los otros como verdaderos hermanos”, agregó Palma Capetillo en la ceremonia eucarística que ofició en estos primeros minutos y en la que se escucharon los cánticos de las hermanas misioneras.
Durante su mensaje, el obispo dijo que el sentido de esperanza es ir al encuentro de la palabra del señor hecha carne en Jesús, nuestro servidor.
"Debemos aprender a vivir sirviendo y a amar dando testimonio de Jesús, y como las hermanas misioneras religiosas, vale la pena estar acá en estas horas, porque es la alegría de la casa de Dios”, indicó.
Recordó el milagro del Tepeyac, acontecido en 1531, cuando apenas se concretaba la conquista de la Nueva España y la Virgen María se presentaba como madre de la iglesia para bendecirla porque nacía en este territorio.
"La Virgen Santísima expresó a Juan Diego una frase que todos conocemos y es un mensaje revelador: Yo soy la madre del verdadero Dios que da la vida; por eso estas fiestas, desde la Inmaculada Concepción hasta la Virgen de Guadalupe son luces resplandecientes en el adviento; la Iglesia nos enseña que la Virgen María es la estrella de la evangelización, porque ella nos conduce a Cristo, nos recuerda el gran amor que nos tiene el Creador”, apuntó.
Dijo a los fieles que toda devoción debe ser auténtica, porque nos acerca al amor de Jesús y Cristo es el que nos da la vida, el que nos otorga sentido a la existencia humana.
"Quién iba a imaginar que en un cerro pelón y rodeado de un lago habría de edificarse un santuario al que acuden miles de personas cada año todos los días; pero así son las obras de Dios y no nos imaginamos que sean de tal magnitud”, agregó.
Mencionó que cuando la virgen apareció pidió a Juan Diego que le hiciera una "casita de oración” para significar la unidad de la familia, eso es lo que fomentó con la casa de oración y nos va recordando esa lección tan hermosa de defender la vida desde primero y hasta el último momento.
Y al pedir orar a Dios para ser siempre buenos discípulos, solidarios con los hermanos, numerosos fieles sintieron la emoción en sus corazones y cantaron la famosa canción "La Guadalupana que bajó al Tepeyac”, con el coro de las guitarras y las panderetas, al unísono todos cerca de la una de la mañana.
Y durante el día, no obstante el mal tiempo que prevaleció durante todo el domingo y a pesar de la llovizna que cayó por la noche, miles de feligreses colmaron la parroquia de San Cristóbal, en cuyo pórtico se lee "Haec est domus Dei et porta coeli” (Esta es la casa de Dios, la puerta del cielo), para escuchar el mensaje de que hay que vivir la esencia de la fe con la solidaridad para con los demás.
Además de ello, gustosos cantaron las mañanitas a la Virgen a las 04:30 horas de hoy, acompañados de guitarras y de personas que la noche anterior participaron en un festival organizado en el atrio de la iglesia por una cadena radiofónica.
La iglesia de San Cristóbal, declarada como Santuario Mariano, lució un decorado con flores y en el altar principal, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue objeto de adoración de muchas maneras de parte de las peregrinaciones, así como de los cientos de antorchistas que, como cada año, recorren decenas de kilómetros corriendo o en bicicleta desde sus lugares de origen hasta la capital.
El cronista observó numerosos antorchistas de Celestún, Hunucmá, Homún, Izamal, Tepich Carrillo, Canicab, Sinanché, Valladolid, Acanceh, Campeche, y de colonias de la ciudad de Mérida, que pernoctaron en los alrededores de la parroquia, con sus bicicletas adornadas con imágenes de la guadalupana o crucifijos.
Todos llegaron agotados, pero felices de haber cumplido con un año más de haber prometido a la virgen que acudirían a visitarla de esta forma, luego de que se les hizo algún favor, o alguna petición, la mayoría de ellas de salud, trabajo y amor.
Juan Diego Chan Garrido hizo honor a su nombre y desde Cuzamá viajó primero a Halachó y de ahí a Mérida junto con otros cinco compañeros, para llegar a San Cristóbal. "Tengo cinco años que estoy viniendo porque es una promesa que le hice a la Virgen de Guadalupe para que me dé más trabajo y más salud, eso es todo, y que cuide a mi familia”, dijo.
Vestido como el indio elevado a los altares narró que salió desde el sábado a las seis de la mañana de su casa en bicicleta y que llegó a las 10 de la noche de anteayer a Halachó y luego de haber descansado unas horas, retomó el camino y arribó a San Cristóbal a las ocho de la noche.
"Nos quedaremos a dormir y mañana después de escuchar la misa volveremos a nuestro pueblo, cansados pero felices”, dijo junto con sus compañeros, quienes narraron que no tienen un empleo fijo, sino que se dedican al comercio y por su cuenta, de ahí que no hayan tenido problemas para viajar en su peregrinación.
Y mientras ellos hablaban el sacerdote católico Jaime Guzmán oficiaba una de las tantas misas que se dan en San Cristóbal desde todo el día de ayer y durante hoy.
El sacerdote Adrián Gutiérrez Cano indicó que luego de las mañanitas habrá misas cada hora y a las seis de la tarde acudirá el arzobispo Emilio Carlos Berlié Belaunzarán, quien además otorgará indulgencia plenaria a quienes acudan a la eucaristía.
Gutiérrez Cano comentó que esta celebración guadalupana debe ser motivo de reflexión de los fieles para que su fe no sea nada más de nombre, sino que se haga realidad el fortalecimiento de los valores como cristianos, como católicos y como yucatecos.
"Esos valores católicos y cristianos deben prevalecer todos los días en nuestra vida y que practiquemos el mensaje de fe, esperanza y servicio que nos demuestra la virgen”, dijo.
Y mientras el sacerdote hablaba, afuera del templo católico se vivió un ambiente de fiesta y de romería, con la venta de antojitos, panuchos, salbutes y como cien kilogramos de chocolomo que empezaron a comercializar a eso de las seis de la tarde en el anexo parroquial, a 40 pesos la orden.
En el parque se vendieron tacos de carnitas y de carne asada, marquesitas y helados no obstante el frío; además, se instalaron el clásico carrousel y unas lanchitas y cochecitos de esos antiguos, aquellos que andaban en las ferias de los pueblos.
Y la policía cerró las calles aledañas, desde la 71 hasta la 67 y de la 52 a la 46. Todo vigilado por la policía municipal y la policía estatal con su torre de cámaras potentes que grababan a varios metros de distancia y con recorridos de a pie auxiliados por dos canes Pastor Belga Malinoa, entrenados para detectar drogas.
A lo largo del día, las peregrinaciones, que comenzaron el 22 de octubre, fueron llegando al templo con sus cánticos y sus gritos de "¡María! ¡María! ¡María!” y daban vueltas a la cuadra y se detenían a las puertas donde un seminarista les rociaba agua bendita y los exhortaba a que sean buenas personas todo el tiempo, no solamente en una noche.
Algunos llegaban gritando "¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo!”, en referencia a la enorme distancia que habían corrido o pedaleado de sus casas en pueblos lejanos a Mérida. Otros más arribaban frescos, pero éstos eran los de las colonias de Mérida, como San Sebastián o Santiago, pues luego de haber ido a ofrecer sus fervores a la virgen, se retiraban a continuar con las novenas en domicilios particulares.
Toda la zona se vio rodeada de vehículos adornados con palmas de huano y con telas tricolores, con imágenes de la Virgen y camiones torton con hamacas colgadas debajo del chasis, con personas durmiendo a la hora en que los visitó el cronista.
Y afuera, en el festival, los artistas improvisados cantaron todo tipo de canciones, principalmente rancheras, pero también hubo cumbias. El festival estuvo conducido por el popular Zapote, Francisco Ríos Ontiveros, y la locutora Niurka Cetz, quienes presentaron a Emilia Uh, Leslie Cocom, quien declamó un poema, Adirem Braga, Rocío Ramírez, Luis Beltrán.
También se dio un concurso de catequistas y se repartió pastel a las personas que acudieron a la celebración que continúa hoy durante todo el día.