
Al orar por los fieles difuntos estamos haciendo la obra de caridad más grande, pues imploramos la misericordia de Dios para que se apiade de ellos, perdone sus pecados, tome en cuenta sus obras buenas y puedan gozar del descanso eterno.
Eso dijo ayer el Obispo Auxiliar, Monseñor Rafael Palma Capetillo, al oficiar la misa de fieles difuntos en el Panteón de Chuburná, donde varios cientos de fieles se reunieron para escucharla y orar por las almas de las personas de la familia que se adelantaron en el viaje al más allá y que de acuerdo con la tradición regresan en estos días de muertos.
Dijo también que “aunque en todas las misas de todo el año pedimos fervorosamente por nuestros hermanos difuntos, en este día nos acordamos especialmente de todos los fieles difuntos, y el hecho de elevar nuestra oración por ellos aumenta nuestra confianza en Dios, es decir, la verdadera esperanza, reconociendo que Cristo murió y resucitó por nosotros, para que también nosotros algún día podamos participar de la resurrección que él nos ofrece.
Dio gracias a Dios de las buenas costumbres que hay en Yucatán y que tienen su origen en nuestros antepasados, pero han sido purificadas por la fe cristiana, lo que nos permite poner altares, para no sólo recordar a nuestros muertos, sino también para saber que viven para Dios, pues al hacerlo reconocemos que el alma es inmortal y que estamos llamados a una vida más perfecta, a una vida superior que es la vida eterna, y reconocemos también que también nuestro cuerpo está llamado a resucitar, por eso seguimos la buena costumbre de enterrar a los muertos en espera de la resurrección futura.
En este punto, recordó que la Iglesia Católica ha autorizado la incineración de los cuerpos siempre y cuando las cenizas no se esparzan en ningún lugar, sino se concentren en el cementerio a la espera de la resurrección.
Por otra parte, señaló que hay muchas maneras de llegar al cielo, porque Dios perdona siempre y al hombre justo lo acompaña en sus buenas obras aunque pase muchas pruebas. Pero lo que es inolvidable para Dios y lo presenta como una clave para entrar al cielo son las obras buenas, pues como el apóstol San Juan dice: amar es vivir, pero el odio y el resentimiento son todo lo contrario al amor. El odio mata, destruye, no prepara para la vida eterna. Entonces amar, tener caridad, vivir siempre amando, perdonando, dando nuevas oportunidades a otros y a nosotros mismos, eso es vivir verdaderamente y eso es como prepararnos para la vida eterna.
El Obispo Auxiliar invitó a todos los fieles presentes a recordar que amarnos a nosotros mismos y al prójimo es nuestra misión aquí en la tierra, y a tener en cuenta que en la vida futura también viviremos amando a Dios y a nuestros hermanos.
Tener eso presente siempre es la clave para vivir y sobrevivir para la vida eterna, dijo para finalizar.