
La Corona de Adviento
Primer Domingo de Adviento
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R./ Amén
Se dispone un ambiente oración.
1. ORACIÓN
(Quien preside la celebración)
Al iniciar este tiempo de Adviento, reunidos como familia de Dios, entorno a esta corona que simboliza nuestro caminar en la luz y en la esperanza, te pedimos Padre, que dispongamos nuestro corazón para recibir a Jesús. Él que es nuestra paz, nos acompañe y esté siempre con nosotros en el camino de la vida. Te lo pedimos por el mismo Cristo Nuestro Señor.
R./ Amén
2. SIGNO DE LA LUZ Encendemos la primera vela de la paz.
(Contemplamos en silencio el signo de la luz).
Una vez encendida la vela, se entona el canto: "El Señor es mi luz”
El SEÑOR ES MI LUZ
El Señor es mi luz y mi salvación,
El Señor es la defensa de mi vida,
Si el Señor es mi luz y mi salvación
¿a quién temeré? ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, habitar por siempre en su casa
gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo santo.
El Señor es mi luz y mi salvación.
3. ESCUCHA DE LA PALABRA Lector 1
Escuchamos con atención la Palabra de Dios:
Del Evangelio según San Lucas (1,67-79).
«Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»
4. LA BUENA NOTICIA DE LA PAZ Lector 2
"Les anunciamos a Jesucristo «su venida nos ha traído la buen noticia de la paz»”. Es el mensaje de los Obispos al pueblo de México, en él nos dicen:
Ante la realidad de inseguridad y violencia que vivimos en nuestro país, queremos alentar la esperanza de quienes viven con miedo, angustia e indignación (…) tenemos la misión de promover la reconciliación y la paz, los invitamos a volver la mirada al Señor, porque Él es nuestra paz (No. 1).
Nos interpela el dolor, la angustia y la incertidumbre, pero nos cuestiona más la indignación y el coraje natural que empieza a brotar en el corazón de muchos mexicanos: la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano (No. 2).
Estamos ante un problema que no se solucionará sólo con la aplicación de la justicia y el derecho, sino fundamentalmente con la conversión (No. 5).
5. REFLEXIONAMOS (Quien preside puede dirigir este breve momento, con estas u otras preguntas)
¿Qué sentimos ante el dolor y sufrimiento que trae la violencia en nuestro México?
¿Qué nos proponemos decididamente para lograr esa conversión que es clave para alcanzar
la paz?
6. PROCLAMAMOS NUESTRA ESPERANZA Todos respondemos a una sola voz:
R./ Ven Señor, Jesús y danos tu paz.
Lector 1
No tardes Señor, hazte presente entre nosotros, llena nuestros corazones con tu presencia, que no haya en ellos lugar para las malas intenciones, mucho menos para la violencia que destruye y mata; no permitas que nos invada la rabia, el odio y el rencor, ni que demos cabida a los deseos de venganza ante las ofensas.
R./ Ven Señor, Jesús y danos tu paz.
Lector 2
Que no vacilemos en decirte ¡no tardes Señor!; Sí, tu presencia en medio de nosotros implica que nuestro corazón esté junto al tuyo y en medio de la inseguridad y la violencia, tu Palabra nos interpele, y nos convoque al compromiso de cambiar los ambientes de corrupción e impunidad, de escandalosa desigualdad y de pobreza.
R./ Ven Señor, Jesús y danos tu paz.
Lector 1
No permitas que nos acostumbremos a la violencia como modo habitual para relacionarnos con los demás y resolver nuestros problemas, tampoco a la mentira, ni a la corrupción, que no propiciemos más el miedo y la desesperanza. Alza a las víctimas, consuela a los que sufren y haz que las armas se transformen en instrumentos de trabajo.
R./ Ven Señor, Jesús y danos tu paz.
Lector 2
Ven, Jesús samaritano, que nos enseñas la compasión.
Ven, Jesús amigo que estamos hambrientos de ternura.
Ven, Jesús hijo y háblanos del amor del Padre.
Ven, Jesús fraterno y consuela nuestro dolor y llanto.
Ven, Jesús, luz liberadora, da sentido a nuestra existencia.
Ven, Jesús divino toma nuestra vida y hazla de nuevo.
R./ Ven Señor, Jesús y danos tu paz.
7. PADRE NUESTRO El saludo de Jesús es de paz y nos invita a ir al Padre, digamos la oración que Él nos enseñó: PADRE NUESTRO
8. CANTO Terminamos nuestra oración cantando.
Ven, ven, Señor no tardes;
ven, ven, que te esperamos:
ven, ven, Señor no tardes;
ven pronto Señor.
Ven, ven, Señor no tardes;
El mundo muere de frío,