Queremos sumarnos a estos festejos favoreciendo el conocimiento de hechos históricos de gran complejidad y cuya interpretación ha estado frecuentemente conducida más por cargas ideológicas, que por visiones serenas y objetivas del acontecer histórico. Intentamos mirar el pasado desde una actitud de diálogo y apertura. La intolerancia, de cualquier signo que sea, se cierra a tratar temas delicados o problemáticos, y atenta así contra la posibilidad de articular proyectos que sirvan a la colaboración unitaria y eficiente en beneficio de la sociedad. La polarización extrema en la interpretación de nuestra historia nacional nos ha llevado a enfrentamientos y ha sido fuente de conflictos, que al dividirnos nos han debilitado y nos han hecho incapaces de responder con eficacia a los retos que nos demanda la construcción del progreso integral del país. Los Obispos mexicanos afirmamos el año 2000 que "en la valoración de los hechos que condujeron a la independencia nacional existen aspectos difíciles de comprender y aceptar; la parcialización de esta realidad histórica ha llevado a relecturas que no sólo no corresponden a lo sucedido, sino que deforman la conciencia de conformación de nuestra identidad como Nación. Hidalgo y Morelos, y muchos otros, eran sacerdotes que, a pesar de sus limitaciones y debilidades humanas, por su fe en Cristo, su devoción a María de Guadalupe y sus ideas teológicas y políticas, lucharon por la independencia de México” (No. 29). Hemos vivido la mayor parte de nuestra vida independiente bajo el signo de la confrontación entre dos formas irreductibles de comprender la identidad de la Nación y de buscar el bien de la sociedad. Hemos perdido tiempo y energías en lanzarnos mutuamente acusaciones y en buscar afanosamente a los villanos de la historia. Si se trata de volver la mirada hacia el pasado, debe ser para purificar la memoria histórica que culmine con la reconciliación, con el perdón recíproco y el afianzamiento de conductas que nos eduquen para la tolerancia y la aceptación de nuestras legítimas diferencias. El estudio objetivo del pasado requiere de un juicio histórico conducido por peritos libres de prejuicios. Necesitamos interrogar a los historiadores para que nos ofrezcan su ayuda en la reconstrucción, lo más precisa posible, de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades, a la luz del contexto histórico de la época. " La Iglesia no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absoluciones o de condenas respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo ideológico, tanto por los que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen, como respecto a los daños que ella ha padecido” (Juan Pablo II – Discurso del 1 de Septiembre de 1995) La celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución debe ser ocasión propicia para crecer en una fructuosa reconciliación; formamos una gran Nación en la cual podemos vivir hermanados en la aceptación de los grandes valores de la civilización y la democracia, reconociendo nuestra pluralidad y viendo más hacia un futuro prometedor que hacia un pasado que no está en nuestras manos modificar; y si revisamos el pasado, que no nos dejemos conducir por el afán de abrir heridas que no acaban de cicatrizar. Concluyo con las inspiradoras palabras del Papa Juan Pablo II en su despedida de nuestro país el año 1999: "¡Dios te bendiga México! que te esfuerzas por desterrar para siempre las luchas que dividieron a tus hijos, mediante el diálogo fecundo y constructivo. Un diálogo en el que nadie quede excluido y acumune aún más todos sus habitantes, a los creyentes fieles a su fe en Cristo y a los que están alejados de Él. Sólo el diálogo fraterno entre todos dará vigor a los proyectos de futuras reformas, ampliadas por los ciudadanos de buena voluntad, pertenecientes a todos los credos religiosos y a los diversos sectores políticos y culturales” En mi condición de responsable de la organización y coordinación de esta Jornada Académica, doy una fraterna bienvenida a todos los participantes, y declaro oficialmente inaugurados los trabajos que nos reúnen en el afán de conocer mejor nuestra historia nacional y crecer en el amor a la Patria común. ¡QUE EL SEÑOR NOS ILUMINE CON LA LUZ DE SU ESPÍRITU!. León, Gto. a 16 de febrero del año 2010.
+ José G. Martín Rábago Arzobispo de León
|