
Mensaje de Mons. Víctor René Rodríguez Gómez, Secretario General de la CEM, durante el recibimiento de la Reliquia Insigne de San Juan Bosco.
Todos los Bautizados tenemos una vocación común y universal: Según el Concilio Vaticano II, en el documento conciliar Lumen Gentium, todo bautizado tiene una vocación universal a la Santidad, es decir, a participar de la misma vida de Cristo el Santo por excelencia y modelo universal para nuestra Santificación.
San Juan Bosco, quien desde los nueve años de edad tuvo un sueño, se vio en medio de un montón de muchachos que jugaban y blasfemaban y sintió el impulso de callarlos con golpes, nos recuerda al Buen Pastor que viendo a las multitudes como ovejas sin Pastor, sintió compasión y se puso a enseñarles…
San Juan Bosco comprendió que "no con golpes sino con amistad, dulzura y bondad, debía enseñarles a vivir haciendo el bien y evitando el mal”. Emprendió así, el camino de Santidad, sintiendo la caridad cristiana a la manera de Jesús, quien como Buen Samaritano, sintió compasión y dedicó su vida y ministerio Sacerdotal, a la educación de los niños y jóvenes, con su santa alegría, bondad y dulzura que le caracterizaron.
Hizo suya la necesidad de los jóvenes y consagró su vida y sus sueños a la formación que les permitiera una vida digna. De honrados ciudadanos y buenos cristianos.
Muy pronto, San Juan Bosco en su "Club de la Alegría” diseñó un itinerario de Santidad para su tiempo y para todos los tiempos:
1.- Ninguna acción, ninguna conversación que desdiga de un buen Cristiano.
2.- Cumplir con los deberes escolares y religiosos.
3.- Estar siempre alegres.
En el lenguaje actual de la Iglesia equivale a ser discípulos- misioneros de Jesucristo, aplicado a los distintos estados y a las distintas etapas de la vida. Un itinerario que él siguió fielmente en su vida personal y en su ministerio Sacerdotal, lo que le ubica en su tiempo como un sacerdote diferente, en cierto sentido revolucionario, porque descubrió en cada persona, la integralidad de su ser, cuerpo y alma, mente y espíritu, discípulos de Cristo en el mundo pero sin ser del mundo.
Con esta enseñanza, la Familia Salesiana se ha extendido por el mundo y ha llegado a nuestro país. Sacerdotes, religiosas, cooperadores laicos y consagrados que atienden escuelas de distintos niveles: Universidades, Escuelas agrícolas, Escuelas técnicas de distintas profesiones, Parroquias, Oratorios y multitud de Instituciones al servicio de la Juventud, especialmente la más necesitada.
En 1935 el Papa Pio XI concede a los niños mexicanos el patronato de san Juan Bosco y el Excmo. Sr. Arzobispo de México, en circunstancias históricas de Nuestra Patria, de todos conocidas por la adversidad para la Iglesia Mexicana, en su carta pastoral emitida para tal propósito dice entre otras cosas que San Juan Bosco, "el Santo reformador de las clases menesterosas, tanto en pedagogía como en sociología”, tiene un secreto, único, eficaz y verdadero, que él mismo concretaba en una palabra: AMARLOS.
Continúa escribiendo el Sr. Arzobispo, "este Patronato, que pone en juego la intercesión y el poder de San Juan Bosco a favor de los niños mexicanos, necesita como todas las obras de Dios, nuestra cooperación para que produzca los frutos que esperamos y que han de ser muy grandes y en verdad necesarios”.
Damos gracias a Dios por la presencia salesiana en Nuestro México y estamos seguros que por la intercesión del Patrono de la niñez y la juventud mexicana tendremos mejores condiciones para contar con mejores cristianos y mejores ciudadanos.
Las reliquias de San Juan Bosco que ahora recibimos con veneración y cariño, irán llenando de luz los distintos rincones de nuestra Patria y nos darán la oportunidad de expresar nuestra gratitud por su Carisma que tanto bien ha hecho a generaciones y generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, al mismo tiempo que nos recuerden el camino de Santidad que lo distinguió y nos estimulará a dar como él cada minuto de nuestra vida para apacentar a esta porción del Pueblo de Dios y ser como él, los testigos de Jesús que nuestra Patria necesita.