El cuerpo del obispo Lázaro, Acompañado de una multitud de fieles, autoridades civiles, y sus hermanos en el Episcopado, llegó ayer a su última morada en la catedral de Celaya. Monseñor Alberto Suárez Inda señaló que “el cortejo de monseñor Lázaro Pérez Jiménez no fue fúnebre, sino triunfal... se celebró el poder de Cristo Resucitado”. En su homilía, monseñor Suárez Inda, arzobispo de Morelia, dijo que el prelado tizimileño oyó desde pequeño el llamado de Dios “y por eso dejó su ciudad natal, dejó Yucatán... Y ahora partió a la tierra prometida”.
Con estas palabras resumió el arzobispo de Morelia, monseñor Alberto Suárez Inda, la manifestación de afecto que el pueblo de Celaya expresó ayer a su obispo fallecido, que, más que su pastor, “fue su padre en la fe”.
La Catedral, colmada de fieles, de autoridades civiles de los más altos niveles y de sus hermanos en el episcopado, es desde ayer la última morada terrenal del “padre obispo” Lázaro, como gustaba que le llamaran. En la despedida, la comunidad católica de Yucatán estuvo representada por el arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y por monseñor Álvaro García Aguilar. Durante su ministerio pastoral, monseñor Lázaro Pérez estuvo cerca de la gente. Por eso, ayer no importaron las diferencias, pues el pueblo era uno rindiendo homenaje a su pastor,un homenaje de aplausos copiosos y de plegarias por el eterno descanso de su alma. El encargado de presidir la misa fue el nuncio apostólico Christophe Pierre. Al inicio de la celebración eucarística leyó un telegrama de la Curia Romana, con un mensaje del papa Benedicto XVI.
“He recibido con dolor la triste noticia del repentino fallecimiento de monseñor Lázaro Pérez Jiménez, obispo de Celaya. Su Santidad Benedicto XVI desea hacer llegar sus profundos sentimientos de pesar a sus familiares, así como a quienes fueron testigo de su fecundo ministerio pastoral, tanto en la Diócesis de Autlán como en esa iglesia particular de Celaya.
“En estos momentos de particular aflicción, el Sumo Pontífice, a la vez que ofrece fervientes sufragios por el eterno descanso del difunto velado, invocando la amorosa intersección de nuestra Señora de Guadalupe, les imparte con afecto la confortadora bendición apostólica como signo de fe y esperanza en el Señor Resucitado”.
La homilía estuvo a cargo del arzobispo de Morelia, monseñor Suárez Inda.
“Sal de tu tierra, deja a tu parentela, ve a la tierra que yo te mostraré, te haré padre de una multitud, tu serás una bendición”, dijo el arzobispo.
“El hermano Lázaro desde pequeño escuchó este llamado de Dios. Dejó Tizimín, después Yucatán y, más tarde, también por obediencia a Dios, dejó Autlán. Ahora nos deja para ir a otra tierra, a la Tierra Nueva que el Señor seguramente ya le permite contemplar y gozar, la Tierra Prometida.
“En su consagración, don Lázaro tuvo una enorme fecundidad, y ahora vemos un signo muy claro de esta familia suya de la que fue padre en la fe.
“Es natural que nos sintamos tristes, apenados. Sin embargo, podemos decirle al Señor, igual que aquellos judíos: Ven, Señor; Ven, Señor; Ven y verás en dónde está nuestro hermano”.
El arzobispo afirmó que el cortejo “no fue fúnebre, fue triunfal, en el que se celebró el poder de Cristo Resucitado”.
El nuncio apostólico destacó la inmortalidad que hay para quienes creen en el Señor.
“La vida se transforma, no se acaba, y disuelta nuestra morada terrenal, se nos prepara una mansión eterna en el Cielo con los ángeles y arcángeles”.
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