
CIRCULAR 002/ 2012
ASUNTO: Semana de oración por
la unidad de los cristianos
Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo,
Nuestro Señor (cf. 1 Co15, 51-58),
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, desde 1908, los cristianos de todas las iglesias del hemisferio norte celebran la semana de oración por la unidad de los cristianos del 18 al 25 de enero, concluyendo en la fiesta de la conversión de san Pablo.
El objetivo de este octavario es invocar el don extraordinario por el que el Señor Jesús oró durante la última Cena: "Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21).
El papa Benedicto XVI ha dicho que la Semana de oración por la unidad de los cristianos es una manifestación eficaz del impulso dado por el concilio Vaticano II a la búsqueda de la comunión plena entre todos los discípulos de Cristo: "Esta cita espiritual, que une a los cristianos de todas las tradiciones, nos hace más conscientes del hecho de que la unidad hacia la que tendemos no podrá ser sólo resultado de nuestros esfuerzos, sino que será más bien un don recibido de lo alto, que es preciso invocar siempre” (S.S. Benedicto XVI, 18 de enero de 2012).
El tema de la Semana de este año, sugerido por las comunidades cristianas de Polonia, está tomado de la primera carta a los Corintios: "Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor” (cf. 1 Co15, 51-58), su victoria nos transformará. Es un tema centrado en el poder transformador de la fe en Cristo, especialmente a la luz de la importancia que esta fe reviste para nuestra oración en favor de la unidad visible de la Iglesia. La reflexión se inspiró en las palabras de san Pablo, quien, dirigiéndose a la Iglesia de Corinto, habla de la condición temporal de nuestra vida presente, marcada también por la experiencia de "derrota” del pecado y de la muerte, frente a lo que nos trae la "victoria” de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte en su Misterio pascual.
La unidad plena y visible de los cristianos, a la que aspiramos, exige que nos dejemos transformar y conformar a la imagen de Cristo; requiere una conversión interior, tanto personal como comunitaria. No se trata simplemente de cordialidad o de cooperación; hace falta fortalecer nuestra fe en Dios, en el Dios de Jesucristo, que nos habló y se hizo uno de nosotros; es preciso entrar en la nueva vida en Cristo, que es nuestra verdadera y definitiva victoria; es necesario abrirse unos a otros, captando todos los elementos de unidad que Dios ha conservado para nosotros y que siempre nos da de nuevo; es necesario sentir la urgencia de dar testimonio del Dios vivo, que se dio a conocer en Cristo, al hombre de nuestro tiempo.
El concilio Vaticano II urgió la tarea ecuménica en la vida y de la acción de la Iglesia: "Este santo Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en el trabajo ecuménico” (Unitatis redintegratio, 4). El beato Juan Pablo II subrayaba que el don de la unidad no es un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos sino que pertenece al ser mismo de la comunidad (cf. Enc. Ut unum sint, 9). Así pues, la tarea ecuménica es una responsabilidad de toda la Iglesia y de todos los bautizados, que deben hacer crecer la comunión parcial ya existente entre los cristianos hasta la comunión plena en la verdad y en la caridad.
El movimiento ecuménico moderno siempre ha manifestado una clara consciencia de que la falta de unidad entre los cristianos impide un anuncio más eficaz del Evangelio, porque es un obstáculo para la credibilidad. ¿Cómo podemos dar un testimonio convincente si estamos divididos? Ciertamente, por lo que se refiere a las verdades fundamentales de la fe, nos une mucho más de lo que nos divide. Pero las divisiones existen, y atañen también a varias cuestiones prácticas y éticas, suscitando confusión y desconfianza, debilitando nuestra capacidad de transmitir la Palabra salvífica de Cristo. Este es un gran desafío para la nueva evangelización, que puede ser más fructuosa si todos los cristianos anuncian juntos la verdad del Evangelio de Jesucristo y dan una respuesta común a la sed espiritual de nuestros tiempos.
Queridos hermanos y hermanas, esta Semana de oración por la unidad nos ofrece la ocasión pedir al Señor que aumente el testimonio común, la solidaridad y la colaboración entre los cristianos, esperando el día glorioso en que podremos profesar juntos la fe transmitida por los Apóstoles y celebrar juntos los sacramentos de nuestra transformación en Cristo.
Que Dios los bendiga a todos.
Mérida, Yucatán, 22 de enero de 2012.