
Me preocupa que el incendio de los establecimientos comerciales causado por los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y grupos criminales sea añadido como una forma más a la lista de daños generados por el crimen organizado en Acapulco, lo que hace impredecible lo que pueda venir en adelante en el desarrollo de la violencia. Estos hechos nos mueven a buscar formas para construir la paz analizando los factores que la han alterado y nos están sumergiendo en formas cada vez más crueles de violencia. La Arquidiócesis de Acapulco sigue en el empeño de buscar formas pastorales para aportar en la construcción de la paz y en la prevención de la violencia. Como les había anunciado en esta semana han participado seis agentes de pastoral en un taller metodológico de elaboración de estrategias para construir la paz, contando con experiencias eclesiales de Colombia y de El Salvador.
La Arquidiócesis se ha puesto a la tarea de elaborar una estrategia propia a corto, mediano y largo plazo para alentar la construcción de la paz en los fieles católicos y en todas las personas de buena voluntad. Esta quiere ser una tarea incluyente en la cual todos podamos contribuir a partir de las capacidades personales e institucionales. Como ya lo he comentado, hemos dialogado con el Sr. Gobernador y con el Sr. Presidente municipal sobre el tema y estamos en comunicación para colaborar y estar coordinados en todo un proceso, de donde surja un proyecto concreto que nos comprometa a todos en la construcción de la paz, lo mismo que invito a toda la sociedad y al pueblo católico a sumarse a esta tarea cada día más urgente en nuestra región.
Cuaresma, tiempo de hacer caso al Espíritu.
Hemos recorrido un buen tramo de la cuaresma y ya nos acercamos a la celebración de la Pascua cristiana, fiesta central en la vida de la Iglesia, para la cual nos preparamos de manera diligente durante este tiempo de penitencia y reconciliación. Cada parroquia hace su parte en este proceso de preparación, al mismo tiempo que se articulan otras iniciativas, que se han realizado con la finalidad de acompañar en la preparación hacia la Pascua, a la vez que impulsar algún aspecto importante de la pastoral en la arquidiócesis.
La primera iniciativa está plasmada en las pláticas cuaresmales para matrimonios que dirigí en esta semana que terminamos, en la Catedral de nuestra Señora de la Soledad, haciendo un llamado a los matrimonios a aprovechar la Cuaresma como una oportunidad para el Espíritu, renovando su compromiso de la presencia de Cristo en su vida de esposos e invitándolos a vivir su condición sacramental en unidad, con intimidad y responsabilidad y comprometidos a construir la paz en sus familias. Y la segunda iniciativa se realizo en el Concierto musical de la hermana Glenda, una religiosa que ha sabido musicalizar el mensaje de la Escritura, haciéndolo atractivo para todos, especialmente para los jóvenes, con lo que se alentó la oración y el canto entre los jóvenes y la pastoral litúrgica en nuestra arquidiócesis de Acapulco.
En ambos eventos pudimos constatar la necesidad de satisfacer el hambre espiritual que hay en nuestra sociedad, tan marcada por el frenético activismo, que suele dejar a las personas con la sensación de vacío y de superficialidad. En esta sentido, la Cuaresma es una invitación hacia las realidades invisibles, pero cargadas de vitalidad como el perdón, la paz, la reconciliación y la alegría que vienen de Dios. Los dos momentos tuvieron buena participación y asistencia y nos dejaron una sensación de esperanza, que nos impulsa a promover otros momentos de anuncio del Evangelio. Todavía es tiempo prepararnos a la Pascua y de poner atención a las necesidades del espíritu humano que reclama la satisfacción de estas necesidades básicas que suelen ser postergadas con relación a las necesidades corporales. La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de rehabilitarnos ante Dios y ante nuestro prójimo, ante la misma sociedad, necesitada de interioridad y de responsabilidad humana.
El tianguis turístico.
La noticia sobre la salida del tianguis turístico, que tradicionalmente se ha celebrado en este puerto, ha causado conmoción y enojo en sectores más ligados al turismo en Acapulco. Este evento anual ha significado una oportunidad para el impulso del turismo, principal actividad económica de esta región y, por lo mismo, su salida de Acapulco es causa de preocupación. Desde luego que es legítimo y conveniente el esfuerzo que se haga para que el gobierno federal reconsidere esta decisión que altera los planes de la industria turística en Acapulco. Todo lo que se haga a favor de mejores condiciones económicas para los acapulqueños es bienvenido. Habrá que pensar en otras alternativas que complementen el tianguis turístico, quizás la posibilidad de que se realice el itinerante que se ha decidido y que se pueda tener otro en Acapulco, con las características y condiciones adecuadas a las necesidades de nuestro puerto.
De cualquier manera, este hecho tiene que ser ocasión para una reflexión sobre las condiciones que requiere un impulso sostenible del turismo en nuestra ciudad. Hay que pensar en la necesidad de consolidar condiciones de hospitalidad en los servicios que se ofrecen al turismo y en la misma población. El recurso más valioso con que cuenta la industria del turismo son las personas, cuando reflejan un espíritu y capacidades de servicio y de hospitalidad. Por otra parte, es necesario ocuparse del cuidado del medio ambiente y de la paz, como condiciones de fondo que hay que mantener. Espero que esta circunstancia y todo lo dicho en torno al tianguis turístico sea un desafío y un reto para el mejoramiento del turismo en Acapulco.