 CIRCULAR 005/2010 ASUNTO: Mensaje por la XVIII Jornada Mundial del Enfermo A todos los fieles de la Arquidiócesis de Yucatán Queridos hermanos: El próximo 11 de febrero, en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia nos invita a celebrar la XVIII Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizarnos sobre la importancia del servicio pastoral en el amplio mundo de la salud. La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida en 1992 por el papa Juan Pablo II, recordando que la Iglesia, a ejemplo de Cristo, siempre ha sentido el deber del servicio de los enfermos y los que sufren como parte integrante de su misión. El santo padre decía entonces que la Jornada pretende ser para todos los creyentes "un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad" (Carta al cardenal Fiorenzo Angelini, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, 13 mayo 1992, n. 3). Celebramos la XVIII Jornada mundial en circunstancias especialmente dolorosas: los acontecimientos de estos meses, al tiempo que subrayan la urgencia de la oración para implorar la ayuda de Dios, reclaman al deber de poner por obra iniciativas nuevas y urgentes de ayuda con respecto a los que sufren y no pueden esperar. Ante todos están las tristísimas imágenes de personas y poblaciones destrozadas por catástrofes naturales, -terremotos e inundaciones- cuyos efectos podrían ser menos letales si se cuidara mejor la ubicación y la construcción de las viviendas. ¿Cómo retirar la mirada de los rostros implorantes de tantos hermanos nuestros, sobre todo niños, agobiados por las peripecias de todo tipo en las que se ven envueltos a causa de la pobreza? En este contexto, el mensaje del papa Benedicto XVI con motivo de la presente jornada nos invita a fijar la mirada en Jesús, el Médico divino que "pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10, 38). Nos recuerda sólo en el misterio de su pasión, muerte y resurrección, el sufrimiento humano encuentra sentido y la plenitud de la luz. El Señor Jesús en la última Cena, comenta el santo padre en su mensaje, se inclinó para lavar los pies a los Apóstoles, anticipando el acto supremo de amor de la cruz. Con ese gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica, la del amor que se da especialmente a los más pequeños y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17). Siguiendo su ejemplo, todo cristiano está llamado a revivir, en contextos distintos y siempre nuevos, la parábola del buen Samaritano, el cual, pasando al lado de un hombre al que los ladrones dejaron medio muerto al borde del camino, "al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva"" (Lc 10, 33-35). El papa pone especial acento en el final de la parábola, en el que Jesús dice: "Ve y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37). Y añade que "con estas palabras se dirige también a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada día, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede llegar a ser escuela de esperanza”. Concluye el papa su cometario con una cita de su encíclica Spe Salvi: "Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito" ( n. 37). Los obispos de Yucatán, unidos al vicario de Cristo, animamos a los hermanos que están sintiendo el peso de la cruz en el dolor de la enfermedad y les recordamos que son los preferidos del reino de Dios; agradecemos de corazón a las personas que cada día realizan un servicio para con los que están enfermos y los que sufren; y nos dirigimos especialmente a los sacerdotes, en el contexto de este año sacerdotal, a no olvidar que son "ministros de los enfermos", signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a todo hombre marcado por el sufrimiento. Los invitamos a no escatimar esfuerzos para prestarles asistencia y consuelo. Implorando la protección maternal de la Virgen María para los enfermos y para los que los asisten, los bendecimos a todos.
Mérida, Yucatán, 10 de febrero de 2010. +Emilio Carlos Berlie Belaunzarán Arzobispo de Yucatán +José Rafael Palma Capetillo Obispo auxiliar Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López Canciller Secretario
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