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    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    Señor: Me uno a ti, con todos los sufrimientos de la Cruz

    hola buen dia.. deberian regresar al padre armin a tizimin el que esta la verdad que .. sincomentarios solo preguntenle a la gente y en paticular a los que cada año venden velas y trabajan para la iglesia saludos


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    Inicio » Artículos » Lupita Venegas: Desde el Corazón

    EL ENCANTO DE JUAN PABLO II
    EL ENCANTO DE JUAN PABLO II
     
    Querida Lupita:
    Quiero compartir mi testimonio del milagro que Juan Pablo II me ganó de Dios para mi familia. Yo le pedí mucho por la conversión de mi marido y milagrosamente él solicitó a un sacerdote justo antes de entrar a una operación muy complicada. Nunca había querido a los sacerdotes y decía que él era "come-curas”, siempre habló en contra de la iglesia. Teníamos 10 minutos para conseguir un sacerdote antes de que entrara a quirófano y tan solo salir de su habitación, venía de frente uno vestido con su clergyman, le pedimos su asistencia y accedió, mi esposo recibió los santos óleos con lágrimas. Dios lo salvó y ahora es un evangelizador que no deja de prepararse para saber más y defender la fe. Ya mandé mi testimonio al facebook del Papa.
    Nuria M.
     
    Nuria querida:
    Somos muchos los que aprendimos a amarlo, cabe preguntarnos ¿En qué consistía su encanto?
    El Papa de María, el del Santo Rosario, el que conquistó montañas y cautivó cámaras, era un Pontífice esencialmente humilde. Estaba a la altura de su dignidad como jefe de estado y cabeza de la Iglesia, pero su encanto radicaba no tanto en aquella capacidad brillante como en su congruencia de vida. Si hablaba del dolor, era porque lo había experimentado en primera persona desde muy pequeño; si hablaba de paz, era porque supo siempre llevar a Cristo sin imponerlo sino sólo imitándolo con absoluta capacidad de comprensión; si hablaba de amor, era porque sabía amar como su Maestro, hasta el extremo. Si hablaba de perdón, es que había ya perdonado lo imperdonable. No hay palabra pronunciada por él que no haya estado respaldada firmemente en sus acciones.
    ¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo! Así coreábamos los mexicanos cuando lo teníamos cerca. ¡Cuántos recuerdos, cuántos momentos de una emoción inenarrable cada vez que alguno contaba que había estado cerca de él!
    Entre tantas anécdotas registradas, comentaré una ocurrida en el hospital Gemelli. El Papa es internado nuevamente y en alguna de sus caminatas por los pasillos, observa atentamente a una madre que solloza por el estado delicado de salud que presenta su hija. Se compadece enseguida, baja un piso para estar al lado de aquella mujer y proporcionarle apoyo emocional y espiritual. Ella le recibe con recelo, le explica que es atea. Él continúa a su lado sin inmutarse dándole palabras de consuelo.
    Vuelve el Papa a su habitación. Ella se encuentra ahora más tranquila aunque sabe que el cáncer de su hija es incurable. Recibe la visita del Papa con cierta frecuencia durante su estancia en Gemelli. Por fin llega el día del desenlace, a esta madre le anuncian la muerte de la niña. Ella prorrumpe en llanto y el Papa no tarda en aparecer, la abraza fuertemente y le dice al oído: "No estás sola, Dios está contigo”
    Ella responde violentamente: "¡pues dígale que se vaya!”
    El Papa con dulzura: "se lo puedo decir pero no se irá”
    Aquel abrazo solidario se prolonga lo suficiente para que llegue al corazón un verdadero consuelo.
    El Papa más querido de los últimos tiempos se acerca a ella, no como soberano sino como servidor, no como juez sino como hermano y amigo.
    El encanto de Juan Pablo II provenía sí, de sus extraordinarias cualidades humanas, pero el secreto verdadero estaba, en que él supo poner sin cortapisas, todos esos talentos únicamente para hacer con ellos la Voluntad de Dios.


    Categoría: Lupita Venegas: Desde el Corazón | Ha añadido: nancyalejos (12.Abr.2011)
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