ERRORES PEQUEÑOS QUE LLEVAN AL FRACASO MATRIMONIAL
Querida Lupita:
Ya no puedo más. He soportado ofensas y humillaciones por 15 años. ¿Cómo es que la Iglesia nos pide que no nos divorciemos? Mis hijos han visto cómo él me ningunea siempre y son ellos mismos los que me dicen que ya le ponga un alto pero yo no me siento con valor. ¿Es justo esto? ¿Yo aguantando y ellos, mis hijos, sufriendo? Desgraciadamentre yo ya estoy muy agresiva también. Mi caso es un campo de batalla.
Belinda
Querida Belinda:
Vives sumergida en una tormenta que no acaba. Hay problemas serios en tu matrimonio y en tu hogar y desde luego, debes buscar una solución genuina.
Tu caso me permite señalar algunos errores aparentemente sencillos, pero que son en realidad graves y que llevan al fracaso matrimonial:
1.- Falta de diálogo. No te calles por años acumulando odios y heridas. Es indispensable lubricar la relación matrimonial hablando acerca de lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Debemos hacer ajustes para vivir más en el plan de Dios que en la guerra.
2.- Concentrarse en llevar cuenta de los errores y ofensas del otro. La palabra de Dios nos recuerda: "Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo” (Prv. 17,9)
3.- Pedir las cosas sin usar la frase: "Por favor”. A veces, la excesiva confianza hace que te olvides de las buenas maneras y le pides cosas como dando órdenes, como si ante Dios no tuviésemos la misma dignidad.
4.- Interrumpir al otro cuando habla. Dice el libro del Eclesiástico: "Hijo mío, escucha antes de responder, y cuando otro habla no lo interrumpas”.
5.- Agresiones verbales. Usar expresiones despectivas cuando hablas del otro frente a los demás. Humillar a tu esposa por su cuerpo por ejemplo, o a tu esposo por sus costumbres familiares. Descalificar en público lo que dice el otro, ridiculizarlo, ofenderlo con supuestas "bromas”. Termina ya con este pésimo hábito.
6.- Hablar mal del cónyuge con los hijos, las amigas, la familia, etc. Recordemos que los dos "somos una sola carne” y cuando yo maldigo a mi esposo(a) me maldigo a mí misma(o).
"No digan malas palabras, sino sólo palabras buenas que ayuden a crecer y traigan bendición a quienes las escuchen” (Ef. 4,29).
Es verdad que la Iglesia no promueve el divorcio pues esto no soluciona nada. Cuando las cosas van muy mal lo que necesitamos es la presencia real de Dios en nuestro corazón. No es "aguantar” sino AMAR lo que Dios nos pide. En tu realidad sufres tú y también tus hijos, pero no has notado que también hay dolor en el corazón de tu esposo que no necesita más rechazo sino más comprensión, paciencia y amor.
El verdadero amor exige lo mejor del ser amado y cuando la convivencia es insoportable para ambos, la Iglesia nos habla de una saludable "separación”. La iglesia no quiere que los matrimonios con problemas sufran, pero no puede reconocer la disolución de los mismos; Ella no desoye las enseñanzas de Cristo, las custodia y defiende.
Ante las crisis y las tormentas de la vida, de ninguna manera vamos a "aguantarnos", lo que debemos hacer es conocernos y superarnos a nosotros mismos, aprender y crecer.
Lupita Venegas/Psicóloga
www.valora-ac.org
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