Querido Humberto: Por la forma en que me escribes puedo captar dos cosas claramente: primero, que te consideras víctima de la sociedad de tu país y, que aunque estás desesperado, sigues buscando ayuda sincera. Qué bueno que escribes ya que en tu corazón aún está la luz de la esperanza. No has encontrado la salida porque vas por el camino equivocado: "creerte víctima”. Tú no has sido creado para ser esclavo sino para ser amo de la Creación. Nadie ha sido hecho para llevar una vida apagada. Eres imagen de Dios, hijo de Rey. Cuando nos sentimos agobiados por nuestra situación, el problema no está afuera de nosotros sino en nuestro interior. Los problemas siempre estarán ahí, ellos no importan tanto como la forma en que nos decidimos a enfrentarlos. El único modo de escapar a ese sentimiento de angustia, es reconocer humildemente que nos equivocamos, aceptar con paz nuestra realidad y actuar amando a quienes nos rodean, confiando en la providencia Divina en todo momento. Pones todas las razones de tu desgracia fuera de ti. Mira sinceramente en tu interior y reconoce que aún te falta mucho por crecer y madurar. Cultiva una visión positiva de la vida. No es dejando de rezar como Dios te hará sentir todo su poder. No es esperando el fracaso como encontrarás empleo. ¿Comprendes por qué te encuentras en el camino equivocado? Cree lo mejor, espera lo mejor, piensa siempre lo mejor. Mucho puedes aprender leyendo biografías de grandes hombres y mujeres en la historia. Como muestra transcribo para ti una carta escrita por Etty Hillesum, una joven judía muerta en Auschwitz en 1942. Escribe estas palabras en plena persecusión: "Por todas partes se ven carteles en los que se prohíbe a los judíos transitar por los senderos que conducen al campo. Pero por encima de ese poquito de carretera que nos permiten usar, se extiende el cielo entero. Pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de bienes materiales y no pueden nada en realidad contra nosotros… es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas: la actitud de sentirnos perseguidos, humillados; la de dejarnos llevar por el rencor. Tenemos derecho de vez en cuando de estar tristes y abatidos, porque nos hacen sufrir: es humano y comprensible. Y, sin embargo, la auténtica expoliación nos la infligimos nosotros. Creo en Dios y me atrevo a decirlo sin falsa vergüenza (…) Soy una mujer feliz”
Cambia de actitud y cambia de vida. Lupita Venegas/Psicóloga valora_ac@hotmail.com
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