PARA DETENER LA VIOLENCIA EN MÉXICO
Lic. Lupita Venegas:
Le saluda su servidor, Juan Manuel. Con respeto le pido que no sea soñadora. Usted quiere que resolvamos todo con amor. ¡Qué quiere que haga con la muerte de mi hijo!, un inocente que le tocó estar en medio de un narco-tiroteo. No puedo soportar este sentimiento de rabia y venganza que me está destrozando. Afirmo con conocimiento de causa, que la única forma de acabar con esos…narcos, es matándolos a todos. O se mueren ellos, o mueren los inocentes.
Juan Manuel
Querido Juan Manuel:
Acostumbro dirigirme de "tu” a mis lectores con todo respeto y con cercanía, pero en atención a usted que se dirige a mí de esta forma, respondo usando este pronombre.
Le agradezco que envíe una carta en estos momentos tan dolorosos. A pesar de que me dice con palabras que está harto de escuchar hablar de amor, su acción de escribirme me dice: convénceme.
Mi misión es hacer audible el Evangelio. Yo no hablo de amor, Cristo lo hace todo el tiempo:
"Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan" Lc.6,27-28
Ha habido hombres, que por el contrario, han exterminado a quienes consideraron sus enemigos. Hitler es uno de ellos. Las guerras han hecho perder a todas las partes, en ellas nadie gana. Dicen que quien desconoce la historia está condenado a repetirla.
Juan Pablo II afirmaba: no hay paz sin justicia, y no hay justicia sin perdón.
Usted es un hombre extraordinario, supo amar a tu hijo al 100%. Lo extraña tanto y le duele su ausencia porque supo convivir con él, soñó en formarlo como un hombre de bien, se esmeró en dar su mejor ejemplo, se preocupó de proporcionarle estudios, de ser cercano. Su hijo, un joven extraordinario, noble, gran amigo, alegre, inteligente… hoy ya no está aquí. Un grupo de jóvenes que no tuvieron un padre como usted, lo asesinaron.
¿Injusto? El mal no lo acarrea Dios, sino la ausencia de Dios en el corazón humano.
Hay inocentes que sufren porque otros dieron la espalda a Dios. Si nosotros reaccionamos del mismo modo, el mal no se acaba sino que se multiplica. Decía acertadamente Jean Paul Sartre: La violencia se da siempre por una contra-violencia, es decir por una réplica a la violencia del otro.
Dios no se equivoca, sin duda era el momento justo para la salvación de su hijo. Nuestra misión como padres es poblar esta tierra con hijos buenos y poblar el cielo con hijos santos. ¡Usted ya logró su misión con él: está en el cielo!, y le recibirá orgulloso al ver que transforma su dolor y egoísmo en fuente de sabiduría y amor para otros: lleve su testimonio a otros padres, dígales cuánto nos necesitan nuestros hijos, que los amen porque de lo contrario estarán fabricando viciosos, delincuentes y sicarios.
Lupita Venegas/Psicóloga
www.valora-ac.org
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