¿Por qué generamos hijos fracasados? Muy estimada Lic. Lupita: Me tomo la libertad de escribirle porque en este momento estoy confundido ya que no sé cómo actuar con mis hijos. Soy casado, tengo dos hijos de 21 y 15 años. Mi mujer y yo hemos trabajado muy duro toda la vida para sacarlos adelante y soy sincero si le digo que sólo les hemos dado buenos ejemplos. Nuestra vida la hemos dedicado a ellos, a darles lo mejor incluso nos hemos sacrificado para pagarles una escuela privada. Pero el problema es que el mayor ya no quiere estudiar y de trabajo no podemos ni hablarle, es un perfecto vago. Y ahora me doy cuenta que mi hijo de 15 años va por el mismo camino pues sus calificaciones son reprobatorias en su mayoría. Mi esposa y yo nos sentimos desesperados y totalmente desconcertados. Hemos discutido y nos hemos echado la culpa mutuamente. Esta situación es algo que no quisiera estar viviendo y que no la deseo para ningún padre de familia. ¿Hay algo que podamos hacer? José Antonio Mi buen amigo José Antonio: Primeramente quiero felicitarte. Cuando mencionas que ha habido diferencias con tu esposa y que eso no te agrada, percibo que verdaderamente estás buscando soluciones y ésta sin duda, es la mejor actitud frente a cualquier situación conflictiva. También te felicito porque sabes buscar ayuda y porque estás planteándote este problema como un reto, un desafío que la vida te presenta como padre de familia. ¿Qué falló?, ¿En qué me equivoqué?, son preguntas que suelen plantearse los padres al observar la dirección de derrota que toman los hijos. "El mundo se los come”, dicen algunos y otros más afirman: "es que las malas compañías nos los transforman” o bien, "los medios de comunicación están tremendos”. Y efectivamente todos estos son factores que influyen en nuestros hijos, pero lo que realmente debemos cuestionarnos es: ¿por qué ellos eligen escuchar las malas influencias de donde quiera que estas vengan? La respuesta es que, aunque nos dedicamos con ahínco a alimentar, vestir y cuidarlos en todos los sentidos, no estamos "forjando su carácter”. La psicología moderna ha contribuido en gran medida a esto. Los padres post-modernos buscamos hacer felices a nuestra prole pero no les enseñamos que tal felicidad es siempre fruto de un esfuerzo. Nos esforzamos nosotros pero no les exigimos nada a ellos. Hemos de recordar que aquél que quiere dar a sus hijos todo lo que no tuvo, corre el riesgo de no darles lo que sí tuvo. Compartiré contigo y con nuestros lectores algunas estadísticas presentadas por James B. Stenson que nos pueden hacer reflexionar. Si consideramos un grupo de 500 niños que se encuentran jugando alegremente en el patio escolar, debemos esperar el siguiente futuro para ellos: El 60% abandonará por completo la práctica religiosa; no tendrán una fe que transmitir a sus hijos El 100% estará expuesto a la pornografía Entre el 60% y el 70% tendrán relaciones prematrimoniales Del 20 al 40% vivirán en concubinato antes del matrimonio El 100% será activamente inducido alguna vez a probar la droga Al menos el 10% tendrá serios problemas de adicción al alcohol o a la droga Del 10 al 20% sufrirá graves problemas psicológicos, especialmente depresiones clínicas De los adictos a la droga o con problemas psicológicos, un pequeño número se suicidará El 50% se divorciará antes de cumplir los 30 años Qué podemos hacer para que nuestros hijos no formen parte de estos números: "forjar su carácter”. Estos significa entre otras cosas: formar su conciencia, que ellos sepan distinguir entre el bien y el mal pues nosotros sabemos hablarles con claridad al respecto; también significa darles una creencia religiosa firme, saber transmitirles nuestra fe con congruencia de vida y con auténtica convicción; significa asimismo, generar confianza en la capacidad de juicio de los padres y lograr en ellos el hábito del auto-control fortaleciendo su voluntad. Los expertos coinciden en que aquellos padres que no se esfuercen deliberadamente por enseñar esto a sus hijos, sufrirán grandes disgustos. Empezar cuando son pequeños es lo ideal. Los niños deben participar de labores compartidas en el hogar, deben saber esperar por una recompensa y ganarse con esfuerzo todo privilegio. Debemos enseñarles el valor del sacrificio, la satisfacción del deber cumplido, la alegría de dar y compartir. Y todo siempre bajo la mirada amorosa de Dios que quiere nuestro bien y por eso nos exige un poco más cada día. Y en tu caso José Antonio, la buena noticia es que aún no es tarde para corregir. Tienes a favor el que has dado buen ejemplo, ahora debes hablar claramente a tus hijos y decirles que será necesario que se superen para que tú sigas apoyándolos. Diles que los amas y es por ello que quieres hacerlos hombres de bien. Establece límites claros y sé firme con ellos aunque te duela. Tus hijos deben trabajar o estudiar. No solaparás su pereza –que es pecado capital- sino que estimularás su anhelo de superación. Contarán contigo para cualquier proyecto de crecimiento personal y no permitirás que sean "vagos”. Es preferible que salgan de casa si quieren vivir fuera de estos principios. Y no olvides que a los hijos se les educa de rodillas. Junto con tu mujer: haz oración. Confía en el poder de Dios que pondrá ante ti los medios adecuados para salir exitoso al enfrentar juntos este desafío. Con mis mejores deseos Lupita Venegas/Psicóloga Valora_ac hotmail.com
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