QUIERO CAMBIAR
Lupita:
Hace poco cometí el error
más grande de mi vida. Tuve relaciones con un hombre casado y a pesar que no continuó la relación yo me siento tan mal. Ya recibí el perdón de Dios por medio de la confesión pero aún no logro superar el sentirme como una cualquiera. Apenas comencé una relación con un chico nuevo a quien he empezado a querer mucho y fui sincera con él sobre lo que pasó. El me dijo que no le importa lo que hice en mi pasado. Dime Lupita si tú crees que él me mirará mal después de que le confesé la verdad. No quiero lastimarlo ni que me lastime porque no creo que podré pasar por
más dolor. Te agradezco por tu tiempo.
Sinceramente,
Ma. Teresa Querida Tere: Que nadie crea que contrariar la ley de Dios es intrascendente. Estamos equipados con una voz interior que nuestra conciencia hace sonar. Todos sentimos alegría en nuestro corazón cuando estamos haciendo el bien, y tristeza profunda cuando obramos el mal. Hagamos que la experiencia de nuestro pecado nos concientice del hecho de que Dios nos invita a vivir sus leyes por amor. Él sabe que sufriremos mucho si nos alejamos de ellas y por eso, entre otras cosas, dice fuerte y firme: "No desearás la mujer de tu prójimo”, ley que las mujeres debemos entender como: "no desearás al hombre de tu prójima”. Una de las consecuencias de la actuación inmoral, es esa sensación de que no merecemos ser felices. Este sentimiento suele llevarnos a la depresión y desesperación. Pero hay una forma de sanar nuestro pasado que nos enseña San Pedro. Él negó a su Maestro pero creyó en su misericordia y se levantó muy alto. Judas traicionó a su Maestro y no creyó tener salvación, por lo que se quitó la vida.
No te quedes anclada en un pasado creyendo que no tienes perdón de Dios porque eso te impide ser feliz y dar lo mejor de ti al mundo. Tienes una vida por delante y aprendiste por el camino difícil cómo amar: con honestidad, fidelidad y exclusividad.
Tienes un gran sentimiento de culpa y sólo hay un salvador para eso. Tu Padre amoroso quiere que le escuches decirte: "ERES MI HIJA AMADA, PUEDES SER FELIZ Y QUIERO QUE LO SEAS, VIVE A PARTIR DE HOY COMO MI FIEL SERVIDORA, OFRECE TODA DIFICULTAD EN REPARACIÓN DE TUS CULPAS Y BUSCA EN TODO MOMENTO AGRADARME CON TUS ACTOS. SÉ QUE QUIERES CAMBIAR Y YO… YO HAGO TODAS LAS COSAS NUEVAS” Esta es la Buena Noticia: hoy puedes empezar de nuevo. Hoy puedes caminar erguida, orgullosa de ti misma porque le has pedido perdón, porque has ido a confesarte arrepentida y humilde. Por este sacramento maravilloso quedas absuelta, se borra tu culpa, quedas completamente limpia. ¡Créelo! Una vez que reconoces tu error, y te das cuenta que caminabas de espaldas a los criterios de Cristo, te levantas y caminas de cara a Él. Perdónate también y repara. Sé mujer convencida de los valores eternos, mujer servidora de Cristo en toda la extensión de la palabra. Prepárate para formar un hogar cristiano, vive tu fe y transmítela con convicción. Lupita Venegas/Psicóloga
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